Cambios Fundacionales

jueves, 12 de mayo de 2016 · 00:00
Hace unos días anotició la prensa que el poeta Homero Carvalho dejaba la presidencia de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB) y que tomaba su puesto el músico Cergio Prudencio. De Carvalho sé muy poco, y a falta de información, asumo que es una buena persona y honesta (en el sentido que estas palabras siempre tuvieron). Si hubo durante su gestión algunos traspiés que la mancharon, supongo que él no sale totalmente satisfecho, pero nada me hace pensar que hubo allí corrupción.

De Prudencio, al contrario, podría decir mucho y me cuento entre los que admiran su integridad y su extraordinaria labor musical, y pedagógica. Si fuésemos más cuidadosos con el uso de las palabras, reservaríamos "extraordinario” para logros fundamentales como los de Cergio en pro de la cultura y en particular de la música de nuestro país. Parecería, pues, que él es de las personas mejor calificadas para asumir el referido mando. 
 
Sin embargo, ni la gran admiración que siento por él me impide alimentar temores, de los cuales mi primera fuente es el hecho muy significativo que la FCBCB esté siendo transferida del Banco Central de Bolivia al Ministerio de Culturas. (Entiendo que la transferencia vendrá acompañada de un cambio de nombre, como es natural). 
 
Podría parecer un despropósito que la autoridad monetaria aloje una fundación cultural, cuyos objetivos nada tienen que ver con la estabilidad del sistema financiero o con el poder adquisitivo de nuestra moneda, funciones principales del ente emisor, como se lo llama. Pero la opción no es inusual: Brasil, Argentina y Colombia, por ejemplo, tienen fundaciones culturales alojadas en sus bancos centrales. Es probable que la opción se explique por la disponibilidad financiera y relativa independencia política de los bancos centrales. Algunos errores cometidos en esta gestión prueban la importancia de esa independencia.
 
En Bolivia, con esta última decisión se está queriendo mantener lo primero, haciendo que la nueva fundación siga siendo financiada por el Banco Central, pero haciendo que ella sea un instrumento de la ejecución de políticas culturales del Gobierno. La idea no es descabellada, excepto por el hecho de que este Gobierno entiende que la cultura incluye actividades tan disparatadas como la organización de un atropello al medioambiente llamado Rally Dakar. 
 
Debemos suponer que Prudencio es consciente de lo que ese atropello representa en términos de anticultura y me sorprendería que lo apruebe. De entrada, esto lo pone en la incómoda posición de no estar de acuerdo con las políticas y acciones del Ministerio del que la Fundación que él dirige pasa a depender. 
 
Sospecho que Prudencio se siente protegido de las indebidas injerencias del mencionado Ministerio bajo el concepto de independencia. Es difícil saber qué exactamente cada uno entiende por este concepto,  pero es absurdo pensar que podría haber en el Estado islas autonómicas que sólo se deben a sí mismas. De hecho, la norma establece que toda entidad del Ejecutivo debe caer bajo la tutela de algún ministerio.
 
Ese concepto de independencia es una ilusión que sólo un desconocimiento de cómo funciona el Gobierno podría alimentar, y es contrario a la idea de ejecución de políticas gubernamentales que justificó la transferencia de marras.  Y como si eso fuese poco, la FCBCB ya ha dado muestras de no estar ajena al manejo político que se quiso hacer de ella, incluso antes de abandonar la tutela del BCB. Podemos imaginar con temor lo que sucederá en el futuro para inevitable amargura de Prudencio.
 
La FCBCB ha tenido la fortuna de ser dirigida en el pasado por personas de digna capacidad, aunque eso no ha impedido que quedase pendiente un mayor reconocimiento y apoyo a otras formas de cultura que las tradicionales. Sin embargo, ese mayor reconocimiento podría haber sido logrado sin que la Fundación se ideologizara en sus acciones y se politizase en las injerencias que sufre. Auguro con pena una difícil gestión.
 
Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor. 

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