La bancarrota total

domingo, 29 de mayo de 2016 · 00:00
Las noticias políticas y económicas de Venezuela muestran un deterioro completo de la situación. No solamente que el país está con una inflación anual proyectada por el FMI de 700% y caídas del PIB al ritmo de 6% por año, sino que sufre de graves problemas de abastecimiento. No hay alimentos ni medicinas básicas. El deterioro de los indicadores de progreso social es también mayúsculo.  Nosotros que vivimos la dramática experiencia de la hiperinflación y el desabastecimiento del primer quinquenio de la década de los años 80 no sufrimos, en cambio, mengua en los indicadores de salud. Muy al contrario, la caída de la tasa de mortalidad infantil comenzó en esos años gracias a la inteligente labor del entonces ministro Torres Goitia.

La pregunta es cómo Venezuela ha podido llegar a esa situación, teniendo las condiciones iniciales favorables que tenía. Los yacimientos más importantes de petróleo del mundo se encuentran en ese país. Su empresa estatal de petróleos, PDVSA, era considerada -antes del reino de Chávez-  una de las mejores del mundo, con ingenieros y ejecutivos de clase internacional y transnacionalizada con empresas subsidiarias más allá de sus fronteras.

Algunos  economistas venezolanos son también de un gran nivel, profesores en las mejores universidades del
mundo. Con el programa Mariscal de Ayacucho, centenares de profesionales habían hecho estudios de posgrado. La prosperidad venezolana era la envidia de los otros latinoamericanos y aun norteamericanos. El apodo de los venezolanos que iban a Miami era el de "dame dos” porque todo les parecía barato y se lo compraban en doble.

La respuesta a la pregunta del párrafo anterior está en el populismo, que consiste en pensar que con encantaciones mágicas al pueblo se soluciona todo y que no hay restricciones, ni fiscales ni de balanza de pagos. El populismo latinoamericano de izquierda (PI), que hay que diferenciarlo del populismo de derecha -la variedad todavía más maligna de algunos partidos xenófobos europeos-,  tiene una larga historia y ha sido muy estudiado por los politólogos latinoamericanos. El PI invoca al pueblo, con el pueblo definido por él, y lo contrapone a sus enemigos, el imperialismo y las burguesías locales aliadas del imperio. El pueblo son los que apoyan al PI y el antipueblo son los que están en contra, por más proletarios y explotados que sean.

El PI usa una retórica violenta y se arma generalmente alrededor de un político antipolítico, dotado de todas las virtudes y que, siendo del pueblo, tiene características excepcionales que lo ponen a la cabeza de ese pueblo y lo convierten en su jefazo.

En política económica son rábidos nacionalistas y enemigos de la globalización. Mantienen un discurso y una visión extremadamente simplista de la realidad. Por su simplismo cometen groseros errores que terminan destruyendo  la economía. Es así que Chávez, que creía que Venezuela tenía una riqueza sin límites, comenzó a repartirla a diestra y  siniestra, dentro del país y a los países que le hacían coro a sus extravagancias.  

Los problemas económicos comenzaron en su gestión con una política cambiaria incoherente y gastos injustificados, como el de los  gigantescos subsidios a troche y moche. La economía  empeoró aún más con su heredero.

Es cierto que Venezuela ha sufrido dos shocks exógenos de gran magnitud: primero la caída del precio del petróleo y, segundo, una prolongada sequía causada por El Niño. Los efectos de la caída del precio del petróleo podrían haberse atenuado si el presidente Chávez no hubiese  echado mano al Fondo de Estabilización Macroeconómica, que guardaba una parte de los recursos de la renta petrolera previendo los años de vacas flacas. Los efectos de la sequía podían haber sido mitigados con un plan bien pensado  de energías alternativas,  y comprando electricidad y alimentos de los países vecinos.
Venezuela no es la única economía que ha sido destruida por el populismo. Tuvo predecesores en la región, algunos de ellos recientes y cercanos.


Juan Antonio Morales es
 profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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