Petits pas

miércoles, 4 de mayo de 2016 · 00:00
La propuesta de Samuel Doria Medina de regresar al sistema de minidevaluaciones, que también lo recoge en su libro Gabriel Loza, ha vuelto a poner en la mesa de discusión la política cambiaria. Las objeciones de las autoridades del área económica a la propuesta de Doria Medina no han sido convincentes. 

Vale la pena recordar la historia de la política cambiaria, lo que tal vez nos ayude a aclarar las ideas. Antes del Decreto 21060 de agosto de 1985 el sistema cambiario era de tipo de cambio fijo pero reajustable, con devaluaciones cuando surgieran dificultades graves en nuestras transacciones con el exterior. Durante el gobierno de la UDP se estableció el control de cambios, lo que dio lugar -como era de esperar- a la creación de mercados paralelos (o negros, con el perdón del viceministro de Descolonización). 
 
En el mercado paralelo el tipo de cambio flotaba libremente; es decir, estaba determinado por la oferta y demanda de divisas. A medida que la inflación aumentaba, el tipo de cambio negro se alejaba del tipo de cambio oficial y esa discrepancia era un claro indicador de desarreglo macroeconómico. Para remediar esa situación el Gobierno devaluaba masivamente el tipo de cambio. Esas devaluaciones tenían efectos de corta duración y a los pocos meses surgía la necesidad de devaluar de nuevo. 
 
El mayor aporte del Decreto 21060 fue el de la unificación cambiaria y el tipo de cambio negro desapareció. Se logró ese objetivo que parecía inalcanzable con tres medidas: 1) la irrestricta libertad cambiaria y la eliminación de controles; 2) el establecimiento del Bolsín en el Banco Central de Bolivia (BCB); y 3) la reversión de la desdolarización formal. 
 
La concepción del Bolsín era ingeniosa. Se lo diseñó como un mecanismo de flotación administrada; es decir, el tipo de cambio se fijaba por las fuerzas del mercado pero con intervenciones del BCB. Las divisas se adjudicaban mediante un mecanismo de subasta, pero con precio base y con cantidades para la puja fijados por el BCB. Este mecanismo de subasta duró unos pocos meses y desde enero de 1986 el BCB comenzó a fijar el tipo de cambio, aunque tomando en cuenta las situaciones del mercado. Las devaluaciones ocurrían en pasos pequeños.
 
A mediados de la década de los años 90 se establecieron reglas más explícitas para el tipo de cambio. El objetivo de la política cambiaria sería el de mantener un tipo de cambio real estable sujeto a la condición de mantener baja la inflación. Con el tipo de cambio real se compara los tipos de cambio y los precios de nuestros principales socios comerciales con los nuestros. 
 
No es cierto que esta política empujaba la inflación, como afirman algunas autoridades. En los 10 años (1996 – 2005) la inflación promedio fue de 4,6% y la del  periodo 2006 - 2015 fue de 6,6%. Con la política de minidevaluaciones se protegía a la producción nacional de bienes comercializables internacionalmente, a la vez que se contenía a la inflación. 
 
El sistema tenía méritos pero también tenía defectos, como el de aumentar la dolarización. Por otra parte, estaba diseñado para una situación de escasez de divisas y cuando el contexto internacional cambió con la bonanza de precios de materias primas, resultó inadecuado. El sistema no era idóneo para las revaluaciones. 
 
El remedio hubiera sido el de darle mayor flexibilidad al sistema cambiario, dada además la coyuntura de gran abundancia de dólares. El Gobierno optó más bien por darle mayor rigidez volviendo a un tipo de cambio fijo de facto, similar al vigente los años 60 y 70. La impresión que se tiene es la de que el Gobierno se ha entrampado y que si mantiene inmóvil el tipo de cambio es por razones esencialmente políticas.
 
Desandar el camino escogido en 2011 tendría dificultades técnicas y políticas de magnitud. Sin embargo, mirando hacia adelante hay que ir preparando al país para una modernización de su política cambiaria haciéndola más flexible. Nuestros vecinos lo están haciendo.

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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