Presidente, que tenga una pronta recuperación y una profunda reflexión

viernes, 10 de junio de 2016 · 00:00
Estar enfermo, operado y en reposo es, por decir lo menos, doloroso e incómodo, incluso, si el trance te toca en la clínica Los Olivos de Cochabamba.

El presidente Evo Morales está en esta situación por segunda vez y, como a cualquier ser humano, corresponde desearle una pronta recuperación que, ojalá, esté acompañada de una profunda reflexión.
 
Seguramente, el mandatario podrá pasar tiempo a solas, mirar el techo de la habitación y, como no sucede en su agitada vida diaria, podrá pensar en todo aquello que ya había olvidado y que es motivo de preocupación de los simples mortales.
 
Por ejemplo, podrá pensar en los enfermos que hacen largas filas desde la medianoche para conseguir una ficha en los hospitales públicos. Podrá pensar en los bolivianos que no pueden pagar una clínica y que se dejan morir porque la salud en Bolivia es cara y de pésima calidad.
 
Podrá pensar en Eduardo León que, igual que él, está tendido en su lecho de enfermo. Y, reflexionará que es duro estar enfermo, pero que debe ser mucho más duro estar enfermo en un hospital público, con cinco policías en la puerta y con una orden para ser llevado a la cárcel de San Pedro. Eso más allá algunas acciones cuestionables de León en su rol de abogado, las que no le quitan el derecho al debido proceso.
 
El Presidente podrá pensar que él, después de su recuperación, volverá a la residencia presidencial y al Palacio, mientras que León tendrá que ir a la cárcel; y los otros enfermos, que no tienen con qué costearse sus tratamientos, no tendrán otro destino que la tumba.
 
Podrá pensar mucho el Presidente porque es de esperar que las maquiavélicas mentes que le asesoran y el ejército de llunkus que le rodean no tendrán acceso diario a Los Olivos.
 
Y, luego de dos semanas de permanecer inmovilizado, el Presidente tendrá que usar muletas para movilizarse. Vaya paradoja. Él que no quiso ni ver a los discapacitados cerca del Palacio, que mandó enrejar la plaza Murillo para tenerlos lejos, ahora tendrá que usar muletas igual que ellos.
 
Entonces, el Presidente podrá pensar en lo duro que es ser discapacitado. Podrá pensar que para él es duro, pero que debe ser mucho más duro  para quien no tiene médicos, insumos, vehículos, edecanes, ni empleados a su alrededor para llevarle al baño, ayudarle a ducharse, servirle la comida, pasarle el teléfono, para sobrellevar la discapacidad de manera más amable.
 
Y, entonces, el Presidente podrá pensar que todos somos iguales cuando nacemos, cuando nos enfermamos y, más aún, cuando nos morimos, aunque le hagan creer otra cosa.

Mery Vaca es periodista y directora editorial de la Agencia de Noticias Fides (ANF).

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