La insensibilidad y la incongruencia, peligro de contagio

sábado, 25 de junio de 2016 · 00:00
El síndrome de Pilatos ha recorrido los siglos y contaminado a algunos políticos. Es mucho más fácil esconderse detrás de un discurso elocuente que asumir con honestidad sus hechos y sus responsabilidades sociales. El síndrome de Pilatos se caracteriza por la omisión, disimulo, negación del derecho, del dolor y de la historia de los demás.

En un país democrático con un "sistema económico” de distribución de la riqueza, una encendida polémica y contradicción política, social y económica causan los últimos acontecimientos, la movilización de las personas con discapacidad. ¿Acaso su tarea principal no es apoyar a las personas que se encuentren en condiciones de desamparo? Ninguno de nosotros podríamos negar que la sociedad en que vivimos vive hoy una crisis de valores del ser humano y una crisis de líderes. 

Dichas crisis podríamos explicarla como una inversión de valores -utilitaristas, económicos, pragmáticos, técnicos en contraposición de la democracia, la solidaridad, la justicia, la equidad, la libertad y el bien común, cuya filosofía induce y reafirma la dignidad del ser humano-. Los últimos acontecimientos nos impulsan a pensar que nuestros gobernantes, al parecer, se contagiaron de antivalores.

Dejar que personas con discapacidad grave y muy grave recorran en sillas de ruedas, muletas o cargados sobre los hombros de otras personas  400 kilómetros desde Cochabamba, pasando por ciudades intermedias hasta La Paz, durante 30 días, es insensibilidad e incongruencia ideológica, más allá de la crisis económica reconocida hoy por el propio Gobierno.

Las actitudes y los comportamientos de los líderes políticos que tuvieron y tienen la oportunidad de ejercer el poder   a lo largo de la historia de nuestro país, nos demostraron y nos demuestran, en mayor y menor magnitud, la insensibilidad y la incongruencia en su actuar. Los que renegaron, repudiaron y lamentaron en todos "los idiomas” -que tanto reclaman a los ciudadanos con potencial de defensores del pueblo y vocación de servicio-  las injusticias cometidas a nombre de ideologías rebasadas por los hechos y actos realizados por personas en el poder son ahora confrontados con su mismo discurso. La Constitución Política del Estado menciona algunos principios entre los cuales encontramos el principio ético Teko Kavi (Vida Buena) y algunos valores como la dignidad, la solidaridad, el respeto y la igualdad de oportunidades-.

Ante la crisis de valores Siliceo nos propone "crear una nueva cultura, cultura humanizante que haga germinar la biofilia (amor a la vida) que luche contra quienes desunan, desintegren, devalúen y asfixien de manera paulatina el amor por el prójimo”. Significa luchar contra quienes nos quieren meter en la cárcel física -estudiantes presos por solidarios- y, peor aún, en la cárcel mental que nos incapacite de expresar nuestros ideales y nuestros pensamientos para convertirnos en humanos sin "ciudadanía democrática”.

Vencer "la paranoia del materialismo no inteligente, el individualismo mezquino” y el usufructo incorrecto del poder, apoyados en el "altruismo de la inteligencia” -la solidaridad, la cooperación social y la preocupación del dolor de los demás-, es la razón de vida de cada uno de nosotros.

Libertad con indignación. Sí al prestigio moral y social. No a la insensibilidad y a la incongruencia.

Oscar  A. Heredia Vargas es docente emérito de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

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