Editorial

La victoria de Rajoy en España

miércoles, 29 de junio de 2016 · 00:00
Mariano Rajoy, al frente del conservador Partido Popular (PP), ha logrado la victoria en las elecciones españolas, con 33% de los votos y 137 escaños en el Congreso de Diputados, sobre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que obtuvo 22% y 85 bancas; la coalición de izquierda Unidos Podemos, que logró 21% y 71 diputados, y el centrista Ciudadanos, que quedó en cuarto lugar con 13%. 

El resultado ha dejado grandes sorpresas en relación con las previsiones y las encuestas, incluido el sondeo a pie de urna del domingo por la noche, que situaban a Rajoy por debajo del 30% y de los 123 diputados, y a Unidos Podemos como segundo en la preferencia electoral. 

Rajoy fue el auténtico vencedor de la jornada al haber incrementado su votación en cinco puntos porcentuales y 14 escaños respecto a las elecciones de diciembre pasado, y Unidos Podemos fue el gran perdedor, al no haber logrado el ansiado "sorpasso” frente al PSOE, que si bien vio reducida su bancada en cinco escaños, resistió el embate podemista para mantenerse como principal referente de la izquierda.  Las urnas demostraron  también que el bipartidismo no ha muerto ante el empuje de los partidos emergentes, puesto que entre el PP y el PSOE reúnen casi dos tercios del Congreso.  

A Podemos, cuyos principales dirigentes se han mostrado afines a los gobiernos bolivarianos de América Latina, no le  funcionó la alianza con Izquierda Unida, un frente encabezado por el Partido Comunista (PCE). La coalición obtuvo los mismos 71 diputados que lograron por separado en diciembre pasado, pero perdió en el camino más de un millón de sufragios. Otro gran perdedor fue el centrista Ciudadanos, que cedió al PP ocho de los 40 diputados que había ganado.

Los primeros análisis apuntan a que Rajoy acertó en su estrategia de polarización, al reclamar para sí no sólo el apoyo de la centro-derecha, sino del voto útil, frente a la "amenaza” de la "izquierda radical”, representada por Unidos Podemos, que se presentaba ante los electores como "única alternativa” al Partido Popular. También habría jugado a su favor la incertidumbre creada por el triunfo del brexit en Gran Bretaña. Los electores españoles optaron por la certidumbre de los viejos partidos. Aunque con pérdidas, el PSOE y  Ciudadanos lograron sobrevivir a la "pinza” del PP y Unidos Podemos. Pero, en todo caso, el resultado no garantiza la gobernabilidad de ninguno de los bloques políticos. La derecha y centroderecha han obtenido más de 11 millones de votos y 169 escaños, a siete de la mayoría absoluta, mientras que el centroizquierda y la izquierda han sumado más de 10,4 millones de votos y 156 escaños. El resto está en manos de nacionalistas e independentistas.

El único acuerdo que posibilitaría la formación de un nuevo gobierno sería entre el PP y PSOE, que suman 222 escaños, pero el PSOE ha anticipado que no facilitará la reelección de Rajoy ni con su voto a favor a su investidura ni con la abstención. De mantenerse tal negativa, la elección de Rajoy depende de Ciudadanos y de otros partidos conservadores minoritarios. Tampoco parece realista la elección del socialista Pedro Sánchez, quien requeriría de los votos de Unidos Podemos y Ciudadanos, posibilidad descartada ante la negativa  de Podemos a cualquier acuerdo con Ciudadanos. Esa negativa es precisamente la que impidió la investidura de Sánchez en las elecciones de diciembre pasado.

Rajoy ha dicho que hablará y negociará con todos los partidos, empezando por el PSOE, pero su labor  se presenta harto difícil no sólo por las divergencias ideológicas y prejuicios que separan a su partido con sus eventuales interlocutores de la oposición, sino por los desafíos inmediatos que deberá asumir el nuevo gobierno, empezando por el recorte de 8.000 millones de euros que exige la Unión Europea a España para equilibrar las cuentas fiscales. ¿Quién se atreverá a acompañar al PP en ese viaje?

Las miradas están puestas en Rajoy y Sánchez, pero el desafío mayor lo  tiene Sánchez y su partido ante el dilema de bloquear la elección de Rajoy, que conlleva el peligro de la repetición de las elecciones por tercera vez, o permitir su investidura. En cualquiera de los casos, la decisión podría desagarrar la unidad socialista.
 
Algunos "barones” regionales ya han sugerido la necesidad de abstenerse para dar paso a un nuevo gobierno del PP. Las negociaciones de los próximos días serán cruciales para el futuro de España.

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