Tábano

Una vacuna contra la falta de sentido común

martes, 12 de julio de 2016 · 00:00
Después de 30 muertos y ante el riesgo de que una buena parte de los 22,4 millones de bolivianos invertidos en la compra de vacunas contra la influenza se fueran a la basura,  a principios de julio el Ministerio de Salud intensificó la campaña de vacunación, esta vez casa por casa.

Pese a la decisión asumida, una parte de esos 22,4 millones irán de todas formas a la basura, porque la vacuna contra la influenza hace efecto 20 o 30 días después; es decir, cuando el frío se haya ido y la emergencia sanitaria haya pasado. 

Para cuando se tomó la decisión de intensificar la campaña, sólo se había usado el 60% del stock de vacunas compradas. El dato no es menor si se toma en cuenta que las vacunas que no se usan deben ser desechadas porque no sirven para el próximo año. Por eso, es correcto decir que parte del dinero invertido está yendo a la basura.

Con una buena dosis de sentido común, esa campaña se hubiera realizado mucho antes para evitar la triste tarea de contar los muertos y para hacer un buen uso de los recursos públicos.
Tratándose de enfermedades que se propagan fácilmente, como las influenzas, lo lógico sería que los protocolos de atención fueran expeditos y el tratamiento gratuito o, al menos, con precios bajos. 

Sin embargo, por sólo poner algunos ejemplos, hay que mencionar que los análisis para detectar las influenzas toman 48 horas y, si el paciente tiene la mala suerte de que en medio cae un fin de semana, hay que esperar al día hábil para recoger los resultados, lo que quiere decir que la espera se prolonga cuatro días. Hasta eso, si la dolencia no es muy grave, el paciente se habrá curado o, de lo contrario, habrá sido medicado a tientas o habrá pasado a engrosar la estadística de muertos.

Este análisis tan requerido para medicar a los pacientes que padecen de influenza se hace en el Inlasa. Y, por tratarse de una entidad estatal, uno podría creer que el precio es módico, pero no, cuesta 230 bolivianos, que sumados a una consulta médica que está por los 250 bolivianos, más las medicinas para tratar la dolencia, estamos hablando de 1.000 bolivianos para encarar el percance de invierno.

Pero si el paciente tuvo la mala suerte de ser diagnosticado con AH1N1 tendrá que preparar los bolsillos, las joyas de la abuela, o tendrá que disponer de alguna propiedad, porque, sumando medicamentos, internación y otros gastos en centros privados, llega a gastar 1.000 dólares por día y en centros públicos 1.000 bolivianos, por día, según información publicada por el diario Opinión.

Si un paciente con AH1N1 está internado alrededor de 10 días, lo que implica que puede llegar a gastar entre 10 mil dólares y 10 mil bolivianos.

Esta es una demostración de que la salud en Bolivia está lejos de ser gratuita y que aquellos bolivianos que carecen de recursos están destinados a sobrevivir por la gracia de Dios o a pasar a mejor vida.

Otra vez, hace falta sentido común para agilizar los trámites burocráticos y bajar los costos para salvar la vida de los bolivianos.

El sistema de salud en Bolivia, en general, es deficiente, indolente y carísimo. Basta darse una vuelta de madrugada por las puertas de las cajas o de los hospitales para ver a ancianos, embarazadas, mujeres con bebés recién nacidos, discapacitados y todo tipo de población vulnerable haciendo fila para conseguir una ficha médica.

O, hay que volcar la mirada hacia los enfermos de cáncer que peregrinan por un acelerador lineal de 15 millones de dólares, mientras el Gobierno construye un centro de investigación nuclear de 300 millones de dólares, según dice, para curar enfermedades y mejorar la agricultura.

El sentido común manda a establecer prioridades y a quemar etapas, pero las autoridades prefieren ir a lo grande, a lo que haga de Bolivia un país parecido a los "despreciables” imperios.

Y, mientras los planes millonarios avanzan, el techo del quirófano del hospital de Clínicas de La Paz cae, el ascensor del hospital petrolero se desploma por exceso de peso (o por falta de repuestos) y los ancianos siguen haciendo filas de madrugada, día tras día, hasta llegar a la ventanilla.  

Amerita detenerse un segundo en el caso del ascensor porque pinta de cuerpo entero al sistema de salud boliviano. En esa emergencia, hubo heridos que no fueron atendidos porque no tenían seguro médico en ese centro de salud o, lo que es peor, según la denuncia de una de las afectadas, en vez de que acudieran médicos en auxilio de los heridos, fueron administrativos a tratar de hacerles firmar un documento en el que se comprometían  a pagar los gastos de reparación del ascensor.

Es la indolencia llevada al extremo, aquella que nos indica que no nos hacen falta vacunas contra la influenza, sino contra la negligencia, contra la inercia, contra la falta de sentido común.

Mery Vaca es periodista
Twitter: @meryvaca 

Página Siete da la bienvenida a Mery Vaca, Directora Editorial de la Agencia de Noticias Fides (ANF), como columnista  de nuestro periódico. Mery  escribirá a partir de hoy una columna quincenal.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

167
6

Comentarios

Otras Noticias