Estado del buen pagador

viernes, 15 de julio de 2016 · 00:00
Fuimos acusados de ser profetas del apocalipsis por analizar el milagro del Evonomics. Sugerir establecer condiciones estructurales para una economía sustentable era sinónimo de conspiración intelectual, instinto suicida, o angurria de arrebatarles el poder a nuestros "bien intencionados” gobernantes. Pregonamos hasta el cansancio que el tiempo de la "buena suerte”, producto de los buenos precios internacionales, debía dotar al desarrollo de condiciones para generar productividad, competitividad y empleo. A cambio de nuestra preocupación, recibimos injurias y desprecio intelectual.                    
 
La receta bien intencionada de muchos economistas era utilizar de manera racional los abundantes recursos financieros, que no dejaron de caer. Sin la necesidad de transformar nuestra matriz productiva, abundantes dineros llegaron de diversas fuentes. Ahora que empieza a cambiar la suerte, ¿será que por fin es legítimo hacerse preguntas sobre las condiciones estructurales de nuestra economía?

Según gruesas estimaciones, en diez años han ingresado en favor de la economía boliviana  aproximadamente  entre 150 a 200 mil millones de dólares. Nadie conoce con precisión, salvo tal vez el Gobierno, exactamente cuánto dinero ha ingresado o su procedencia. Lo que sí es evidente es que el milagro se desarrolla en torno al extractivismo, la informalidad y el endeudamiento interno y externo. Lavar dinero puede no ser nocivo, por lo menos no en el corto plazo. Pero si los motores del último quinquenio son (entre otros menos transparentes) el gasto público,  el comercio informal y un lánguido sector de hidrocarburos, no sólo es el fin de la bonanza lo que debe preocuparnos.

La realidad ahora es que debemos apuntalar a la economía bajo condiciones de un bajo nivel de valor agregado, alto nivel de intermediación financiera y un empleo burocrático excesivo del Estado. Si bien ha sido posible sustentar estas "variables” gracias a los elevados precios de materias primas demandadas por los países emergentes, ahora el Gobierno boliviano deberá buscar nuevas fuentes para financiar su aparato estatal, su sistema financiero y sus abundantes inversiones en empresas públicas.

Pensar en el largo plazo ha sido considerado una inclinación neoliberal, propia de detractores de la justicia social.

 Lamentablemente, el largo plazo puede traer crisis, déficit e inflación, cuya consecuencia rápidamente se transmite a los más pobres. Apostar nuestro futuro a los precios ha dejado de ser una propuesta "brillante”, para empezar a demostrar la precariedad del milagro del Evonomics.

Debemos empezar a transformar nuestra matriz productiva, en particular si pensamos en aquellos que nacieron en el siglo XXI, cuyo horizonte es mucho más largo que el ciclo de un experimento político-ideológico, del  cual ha habido demasiados en nuestra nación.

Estamos, como sociedad, ante la necesidad de un plan de desarrollo meditado y viable. Pero estamos también ante la posibilidad de que lo urgente no permita enfocarse en lo importante. Si la idea es alimentar el aparato estatal o seguir una estrategia mal diseñada, la próxima prioridad de nuestros gobernantes será apagar incendios.

En la economía, al igual que en la vida, todo es cuestión de tiempo y recursos. 

A veces, sin embargo, contamos con tiempo y recursos, pero nos perdemos en el bosque de las posibilidades. La búsqueda de una solución de largo plazo, sostenible en el tiempo, resulta ser un imperativo para los bolivianos.
 
En el actual panorama vemos megaproyectos que pueden mañana transformarse en nuevos elefantes blancos.
 
Estamos viviendo el límite del estatismo desbordado para entrar en una etapa donde la sociedad civil recupere su protagonismo cívico, político y económico. 

La pregunta ahora es si las nuevas generaciones están conscientes  de la gravedad de nuestra situación y de la necesidad de transformarse en serio, o si siguen gozando de las "vacas gordas”, imitando a los poderosos en sus placeres e inmadurez, pensando que se ha dado un cambio, cuando en realidad todo ha sido un espejismo.

Flavio Machicado Saravia es Miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.
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