Presidencialismo exacerbado

martes, 19 de julio de 2016 · 00:00
Según José Rivera, desde la reforma constitucional de 1831 Bolivia adoptó un sistema de gobierno presidencialista, con lo cual el presidente concentra el poder político en la conducción del Estado. Pero ya cuando se habla de un sistema presidencialista exacerbado es donde el presidente puede interferir en los demás órganos del Estado (Legislativo y Judicial) en cambio estos órganos no pueden inmiscuirse de la misma forma. 

De esa manera, quedaría nula la teoría de equilibrios, pesos y contrapesos. En esa línea, el Presidente Evo Morales representa a un sistema presidencialista exacerbado, resultado de los acontecimientos históricos y por la poca capacidad gubernativa que dejaron sus antecesores al no canalizar las demandas de la sociedad. Hubo una desconexión del sistema de partidos (tradicionales) con la sociedad civil, que ahora está en crisis. 

 Entonces, el MAS-IPSP, a través de su líder o caudillo Evo Morales, simplemente obedece a un periodo histórico de corte populista que tuvo como escuela ideológica al indianismo y al marxismo, y que con el pasar del tiempo su líder (Evo) se volvió pragmático. Un hecho natural en política y que ahora pareciera no tener límites porque estaría por encima de las leyes (e instituciones), por encima del estado de derecho. 

 Y fue con la más recordada frase que dejó en evidencia su posición respecto al tema, cuando indicó que si  "los abogados me dicen no, es ilegal, (pero) yo le meto nomás y les digo métanle nomás y después lo legalizan, para eso han estudiado”. Se trata pues de la personificación del Estado que no necesita de un partido político e ideología para desplegar su voluntad.

Loewenstein clasificará tres sistemas presidenciales: 1) Presidencialismo puro, es decir que el Ejecutivo se encuentra por encima de los otros dos órganos del Estado. 2) Presidencialismo atenuado, donde el poder se ejerce conjuntamente por el Presidente y sus ministros y el 3) Presidencialismo endeble, donde se trata de disminuir la influencia del Ejecutivo y agrega elementos legislativos.  

 La primera y la segunda clasificación, con algunos matices, entrarían en el esquema del Gobierno a la cabeza del Presidente Morales; es decir, que estaría por encima de los órganos del Estado  y que el ejercicio del poder estaría compartido con el Vicepresidente Álvaro García Linera y con algunos ministros claves. De ahí para adelante es sólo la imposición de autoridad a partir del juego prebendal y clientelar hacia la dirigencia de las organizaciones sociales, gremiales, sindicales. En ese escenario ni la justicia quedaría exenta. 

 En el caso de la Asamblea Legislativa, el juego prebendal no entraría en funcionamiento por la sencilla razón de que el partido de gobierno goza de dos tercios de votos en la misma y, por ende, se convirtió en la extensión del poder Ejecutivo, dejando de lado el consenso, el disenso y la concertación. Esta configuración es también responsabilidad de una oposición fragmentada que ve sólo la silla presidencial y no a la Asamblea como un espacio de empoderamiento.   

 Las instituciones también fueron captadas, tal es el caso con la designación del Defensor del Pueblo y del Contralor del Estado que son de la línea del denominado proceso de cambio, en otras palabras partidarios del Presidente Evo Morales. Entonces, es evidente la intromisión del Ejecutivo sobre todos los espacios de poder bajo la lupa de un presidencialismo exacerbado.
 
Humber Velásquez Torrico es politólogo.
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