La salud, los gobiernos y el desarrollo

sábado, 23 de julio de 2016 · 00:00
La salud es un bien tan inseparable de la vida misma que nadie puede estar en contra de su cuidado y protección, aunque los métodos recomendados para el efecto no sean los mismos. Las diferencias tácticas, actuando civilizadamente,  pueden contribuir en vez de perjudicar a la necesaria innovación eficaz.  Tenemos que hacerlo porque la salud no es una "cosa” susceptible de ser  regateada en un mercado, no es un bien material a ganar a cambio de que otro lo pierda, ni puede ser botín político de la demagogia populista. Su disfrute no involucra privilegio exclusivo; al contrario, su universalización es un requisito para beneficio de todos. La exclusión social la perjudica porque así como la salud de todos genera beneficios recíprocos,  la enfermedad es un riesgo ilimitado que no afecta solamente al enfermo, sino a la sociedad en su conjunto. 

Lo anterior es una verdad largamente comprobada y aceptada. La defensa de la salud implica un esfuerzo colectivo de ricos y pobres, de poderosos y desvalidos en un esfuerzo concertado, democráticamente participativo y despartidizado. Sin embargo, la realidad de la mayoría de los países es otra porque los gobiernos no la entienden así. 

Y no la entienden ni los de derecha ni los de izquierda,  los primeros porque hipertrofian el poder de los mercados y, a su juicio, las prioridades de inversión están  de lado del capital construido o financiero y no del desarrollo humano. Los de izquierda,  porque obsesionados por sus dogmas, posponen el bienestar de la gente, que queda en un segundo o tercer plano frente a la necesidad de acumular poder para llegar a su meta obsesiva de la destrucción del capitalismo. 

La ineficiencia, corrupción, abusos de poder, violación a los derechos humanos, supresión de libertades  ni siquiera son reconocidos como defectos, sino como medios útiles para su fin. Este modo de pensar perjudica a la salud con doble filo, uno con la deficiente instalación de los servicios de salud, otro con  el deterioro de la calidad de vida y la equidad social, que son determinantes del proceso salud-enfermedad. 

Frecuentemente, para disimular la precariedad de los servicios se culpa de su mal rendimiento al profesional del área, llegando al extremo de encarcelarlos con evidente médicofobia de jueces y fiscales improvisados.   

En nuestro país la atención de salud pasa por su peor momento en los dos aspectos: los servicios mal equipados y peor organizados constituyen una barrera para el trabajo médico responsable; en cuanto a la calidad de vida de la gente, pese a la preeminencia de los "movimientos sociales”, se mantiene una injusta discriminación en contra de los  pobladores del área rural, cualquiera sea su politizada división étnica.

Felizmente, el acelerado desarrollo de la ciencia, la técnica, la velocidad de los medios de comunicación y su cada vez mayor accesibilidad están logrando acelerar la construcción de la ciudadanía a la que aludimos en anterior publicación. Aunque también la innovación tecnológica puede ser bien o mal aprovechada, ahora es más fácil que antes lograr desarrollo humano equitativo de la mano del avance científico técnico con respeto a los derechos humanos, a la justicia y a la libertad.

El mes pasado asistimos en Lima a la presentación que hizo el Ministerio de Economía del avance del desarrollo competitivo en Perú. Su Agenda de Competitividad busca tener impacto en primer lugar en capital humano y luego en componentes vinculados a la productividad de las empresas, conectividad del territorio y eficiencia del Estado.  El Perú ha llegado ya a dar protección de salud al 82% de su población y el porcentaje de satisfacción de los beneficiarios alcanza al 74%.

Asistieron  como invitados personeros del Consejo Nl. de la Competitividad de Medellín, Colombia. Elkin Echeverri, experto en el tema que mostró la posibilidad de lograr un auténtico desarrollo integral, aplicando los adelantos de la técnica innovativa con políticas inclusivas, equitativas y democráticas. 

Medellín tiene 3,5 millones de habitantes. 20 años atrás era la ciudad más violenta con 380 asesinatos por 100 mil. Hoy es la ciudad más próspera y pacífica. En 11 años redujo la pobreza en general en un 56% y la extrema en un 63%. 

El coeficiente de Gini que era de 0,557 en el año 2003 bajó a 0,506 en 2013. Como base de estos logros señalan el cuidado del capital humano: salud y educación y el  fomento a la innovación productiva.  

En 2014 se generaron 65.000 empleos y la creación de empleo por innovación asciende a 24.941 en 2015.
 
¿Alguno de los países del socialismo del siglo XXI podría mostrar mejores impactos de desarrollo? ¿Quizá Venezuela?
  
Javier Torres-Goitia T. fue ministro de Salud.
47

Comentarios

Otras Noticias