Las apuestas en pleno desarrollo

lunes, 25 de julio de 2016 · 00:00
Meterse en una pelea ajena siempre deja mal parado al samaritano. Pero en contra de la sabiduría popular el expresidente español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, intentó promover una especie de Pacto Social en Venezuela. Sus esfuerzos cayeron en saco roto en la medida que el expresidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, declaró que el Gobierno no negociará "absolutamente nada” con la oposición”. 

El pueblo venezolano demanda soluciones, a la vez que su gobierno rechaza la ayuda humanitaria porque "esconde un deseo intervencionista”. Cuando era la democracia del Paraguay la que pasaba por una crisis, Venezuela no tuvo inconveniente alguno en entrometerse en la política interna del pueblo guaraní. Apoyada por las ocho naciones del bloque socialista, el 2012 Paraguay fue suspendida de Unasur y Mercosur. 

Ahora es turno de Paraguay de instar a los países del hemisferio a aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela. Por mayoría de votos, el cuerpo legislativo paraguayo "exhorta a los parlamentos de los países del bloque así como al Parlamento del Mercosur a asumir una posición sobre la situación de los derechos humanos y la vigencia de la democracia en la República Bolivariana de Venezuela”.

Maduro está tratando por todos los medios el evitar un referendo destinado a una consulta popular por la cual se debería evaluar democráticamente el destino de su continuidad. La gobernabilidad democrática es un requisito para ser miembro del Mercosur y, como lo remarcó el Paraguay, el desconocimiento del Gobierno venezolano de los principios democráticos no puede ser pasado por alto.

En Bolivia la situación todavía es diferente. No obstante hay síntomas que deberían preocupar a la sociedad. No sólo estamos perdiendo reservas internacionales de forma cada vez más acelerada, sino que estamos ahora comprometidos a realizar alta erogaciones en megaproyectos que, ante la incertidumbre de los mercados externo y un mercado interno que apenas absorberá la menor fracción de la producción, podrían fracasar.

Pero la preocupación no sólo está por el lado de la demanda de los bienes por producir, sino de propia materia prima para producirlos, que en este caso está concentrada en torno al gas, tanto para producir fertilizantes como plásticos. En ese sentido, debemos recordar que, del total de gas producido, solamente el 14% contiene las moléculas requeridas para los proyectos de industrialización.

En otras palabras, para alimentar las nuevas industrias en base al gas, debemos producir un volumen que se debe exportar o quemar con tal que garantice la cantidad de la materia prima requerida. Es decir, necesitamos producir más gas a la vez que nuestros cautivos compradores buscan sustituir su dependencia, mientras que no se vislumbra el descubrir nuevos campos. 

El plan de desarrollo económico y productivo del país parece ser una alta apuesta, con gran incertidumbre, que implica utilizar nuestras reservas internacionales. De salir mal la apuesta, consecuencias impredecibles seguirán. 

Y si bien los créditos chinos mejorarán nuestras condiciones en la infraestructura, especialmente caminera, para justificar esa inversión se requiere mover y producir más bienes. No será Papelbol quien inundará las carreteras con camiones llenos de productos de exportación, mientras que el sector privado no cuenta con recursos e incentivos para imitar a sus contrapartes en Colombia y Perú, entre otros.

La economía boliviana no se asemeja a la venezolana, pero nuestra apuesta es alta y la carta democrática que nos jugamos es una apuesta a la estabilidad en base a la fuerza. Y mientras más se critica a gobiernos autoritarios del pasado, parece que -al igual que Maduro- nuestros poderosos se juegan la carta que "sin nosotros habrá caos y desolación”. En Venezuela el juego se acaba y se empieza a cobrar la apuesta. Es una pena que sea el pueblo quien la tenga que pagar.              

Flavio Machicado Saravia es miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.
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