Mujeres de adorno, por decisión de otros

martes, 26 de julio de 2016 · 09:54

Sentados ante una pequeña mesa, tres hombres se aprestan a firmar un contrato sobre temas de gas y energía. A los costados de la mesa están paradas dos esbeltas mujeres, jovencísimas, de cabellos largos y fina cintura.

Todo el cuadro fotográfico está cobijado por un banner de YPFB, que por esos días celebraba su VI congreso internacional de gas y petróleo en Santa Cruz.

Colgué la foto en mi cuenta de Twitter con el siguiente mensaje: "Ellos firman contratos y ellas adornan. Hasta cuándo pues! Las mujeres ya gobiernan Alemania, Gran Bretaña y, pronto (tal vez), Estados Unidos".

De inmediato se desató una ola de comentarios, desde aquellos que descalificaban a las mujeres por "prestarse" a ese trabajo hasta los que me atacaban a mí por "atentar" contra la libertad de trabajo de esas ciudadanas.

Sin embargo, hay que dejar claramente establecido que la crítica, porque fue una crítica, no es para las mujeres que se dedican al modelaje, sino para la empresa insignia de Bolivia, que no acompaña los avances logrados por las mujeres en los últimos 10 años.

El mensaje se hace extensivo también para otras compañías, instituciones y medios que conciben a las mujeres como adorno, pese a que sobradamente probaron que son capaces para ejercer roles protagónicos en vez de accesorios.

En la televisión boliviana la mayoría de las presentadoras de los noticieros y de las revistas informativas llevan vestidos de poca tela y tacones muy altos, imposibles de calzar fuera del estudio. La mayoría de ellas son esbeltas, delgadas e impecablemente producidas, muy parecidas a las candidatas a Miss Bolivia.

El asunto denota una decisión empresarial que antepone la estética a los contenidos editoriales y, una vez más, sitúa a la mujer en el papel de adorno, antes que en el de una productora de ideas.

Respeto el trabajo de las presentadoras de televisión, pero, una vez más, pongo el foco sobre la decisión gerencial de convertirlas en un anzuelo para los televidentes, dejando la noticia en segundo plano.

No ocurre lo mismo en canales internacionales, como CNN o BBC, donde mujeres maduras, experimentadas y de vestimenta sobria conducen los programas informativos porque se entiende que el plato fuerte son los contenidos y no la mujer que los presenta.

Christiane Amappour o Patricia Janiot no destacan por la minifalda que visten, sino por el tipo de preguntas que hacen a sus entrevistados. En cambio, en Bolivia, mujeres de la edad de ellas, expertas presentadoras, han sido relegadas de las cadenas de mayor rating o de los horarios estelares. El paso del tiempo implica para las mujeres de la televisión boliviana una temprana jubilación.

En el otro extremo, en otros países hay lamentables pseudoinformativos donde la presentadora se desnuda a medida que avanza la lectura de la noticia, lo que la convierte en un objeto sexual. De la noticia, ya mejor ni hablar porque no tiene importancia.

Los dos caminos se abren ante la televisión boliviana. Y serán sus gerentes y directores de contenidos quienes decidan por cuál de los dos avanzar.

Bolivia ha avanzado como pocos países del mundo en participación política de las mujeres; sin embargo, también en ese ámbito muchas de ellas han sido reducidas a un adorno por la urgencia de rellenar la lista de candidatos con equidad.

Hay las que logran romper el famoso techo de cristal y trascender en el mundo masculino de la política, pero la mayoría termina con la mano levantada para aprobar la plancha consensuada por los jefes.

En ese contexto, no es raro que los contratos se sigan firmando entre hombres, que los debates políticos se sigan haciendo mayoritariamente entre hombres, que los círculos del verdadero poder sigan siendo de hombres, que las decisiones gerenciales se sigan tomando entre hombres.

En eso ha reparado un grupo de analistas, políticos y especialistas que por la equidad ha decidido no participar en ningún debate donde no haya una mujer.

Hubo reacciones adversas a ese pronunciamiento, sobre todo de mujeres que han señalado que no necesitan que los machos les cedan un espacio que ellas mismas pueden ganar por sus propios méritos.

Eso es una verdad a medidas. Las mujeres ganamos nuestros espacios y poco a poco somos parte del debate de ideas; sin embargo, no siempre somos tomadas en cuenta o no siempre estamos dispuestas a participar porque tenemos nuestro anclaje en la casa, los hijos y a veces en la cocina.

Por eso, es saludable que estos compañeros que, al parecer tienen buenas intenciones, promuevan la participación de las mujeres en el set de televisión, para que ellas no sólo sean un adorno de la pantalla, sino capaces de medirse con hombres o con otras mujeres en temas tan diversos como la economía, la política, la justicia, la energía nuclear, o la moda en el vestir.

Así, de a poco, la mujer irá tomando el lugar que históricamente se le ha negado e irá dejando de ser adorno en la foto, en la televisión y en la política.

Mery Vaca es periodista.

Twitter: @meryvaca

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