Economía de papel

¿Cuán buen administrador es el Estado?

sábado, 30 de julio de 2016 · 00:00
Una de las concepciones más divulgadas en la clase media y las clases dominantes es que el Estado es un mal administrador. Mis alumnos, en general, mantienen el mismo punto de vista. Algo así como un mal genéticamente determinado que nace de la misma naturaleza del Estado. Esta idea viene acompañada de otra concepción aún más conservadora que la anterior: se insiste en que la persona que no tiene un trabajo es por flojo. Y, de nuevo, la flojera es un mal que brota del mapa genético.

Mantengo que ambas visiones no son más que prejuicios y están bañados de un conservadurismo a ultranza. En consecuencia, vienen acompañadas de elevados grados de información distorsionada o simplemente falsa. No es raro que estas expresiones se adornen con frases como "los bolivianos somos flojos” o "hay algo en los miembros de esta sociedad que no permite que avancemos”.

El Estado, en más de un ejemplo internacional, se muestra como una institución que puede ser tan o más eficiente que las empresas privadas. Una de las actividades estatales que más me llama la atención y que hacen valore la organización estatal es el Fondo Noruego, establecido como una entidad financiera estatal. Desde que se descubrió que Noruega tenía petróleo en el Mar del Norte y luego se dedicaron a explotarlo, el Estado noruego organizó un fondo para utilizar  los excedentes de esa producción para favorecer a las presentes y futuras generaciones de esa nación.

El Fondo Noruego es una entidad estatal que invierte dos terceras partes de sus recursos en títulos valores y un tercio en bienes raíces. Por cierto, busca inversiones rentables y seguras. Una combinación que exige del concurso de equipos altamente especializados en finanzas a la vez que sistemas de control altamente sofisticados. Un personal que sale de esa sociedad y que tiene la misión de hacer crecer los recursos financieros que dispone.

Han dirigido sus inversiones a emisiones internacionales seguras que, a la vez, pagan intereses atractivos que en promedio se aproximan a un 5% anual. Las inversiones que realizan en bienes inmuebles se encuentran en los principales centros urbanos del mundo y dentro de ellos en los sectores de mayor actividad económica. Esto es, cuenta con inversiones en edificios de la Quinta avenida de Nueva York, como en las inmediaciones de los Campos Elíseos de París.

Semejante administración de recursos sociales o de terceros requiere una ingeniería bien pensada para evitar tentaciones de manejos turbios, pero nada que no se pueda copiar en un país como Bolivia. Tampoco existe una genética superior que hace de los noruegos más activos (menos flojos) es, para mí, simplemente condiciones que se definen de tal manera que se convierten en patrones de conducta que pueden ser imitados por aquellas sociedades que se propongan hacerlo.

Los bolivianos no tienen la flojera en los genes ni la corrupción en su ADN. Es cuestión de diseñar instrumentos que combinen normas que no permitan los desvíos de fondos acompañadas de sistemas informáticos que respondan a la transparencia y a la eficiencia. 

Por cierto, esto supone una voluntad de un colectivo humano que quiera alcanzar a esta situación. No son condiciones genéticas que lo impiden o que el mecanismo estatal "tiene al diablo metido en sus entrañas” que corrompe al que lo toca. Si la sociedad noruega lo puede, estoy convencido, que la boliviana o cualquier otra también puede lograrlo.


Alberto Bonadona Cossío es economista.
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