Regreso del ímpetu tribal

miércoles, 6 de julio de 2016 · 00:00
El referendo realizado por Inglaterra el 24 de junio parece confirmar que el nacionalismo y crisis migratoria revierte el ímpetu globalizador. En vez de tender puentes, crece el espíritu de cerrar fronteras. Incluso en Estados Unidos, epítome del libre comercio, ambos candidatos a la presidencia cuestionan el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP). Si agregamos al contexto la crisis política en Venezuela y España, junto a la guerra terrorista a nivel global, se puede entrever que en el siglo XXI priman todavía instintos básicos que por milenios han determinado la conducta humana. 

Pese a una larga trayectoria de la civilización, el ser humano sigue peleando con su esencia animal, para mostrar su dimensión irracional, tribal y emotiva, donde la jauría necesita un macho alfa para congregar voluntades; una necesidad de jerarquía que alimenta las ansias de poder ilimitado y que quema las entrañas de justos y pecadores. De la búsqueda de seguridad de eras pasadas, ahora prima la búsqueda del poder que otorga un dios, millones de votos o millones de dólares.

La dimensión boliviana, tan ávida de caudillos y salvadores, no queda exenta de esta constante en la historia de la humanidad. Pero aquellos que investidos con poder y las masas -que vivimos en una inercia contemplativa por igual- debemos prestar atención a las dinámicas que emergen de nuestra psique individual y colectiva. Existe la ilusión de que la nueva clase política se rige por una conducta apegada a una ética y moral. En realidad, es difícil extirpar la corrupción porque, gracias al instinto de supervivencia y la necesidad de proteger al clan, ella se inserta en la conducta de justos y pecadores. 

En el Reino Unido se atizaron las banderas del nacionalismo. El Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), una fuerza política marginal, supo canalizar el descontento de un pueblo guerrero, abrumado por inmigrantes y la burocracia de Bruselas. La salida del Reino Unido parece ser más una reacción visceral que una decisión producto de una reflexión profunda. 

En el voto británico it’s not the economy, stupid es el oscuro instinto tribal y sospecha del otro. En medio de una creciente xenofobia, en Europa se despierta la sospecha de la capacidad de coordinar regulaciones, que permitan a la Unión Europea ser baluarte del libre comercio, con normas laborales y ambientales que permitan perfeccionar una convivencia entre ciudadanos y  la naturaleza. En vez de la integración, lo que triunfó en el Reino Unido fue el instinto básico. Y otros movimientos populistas en Europa se regocijan, porque parece que llegó su hora.

En el caso español, que luego de una dictadura fascista en 1977 dieron al mundo una lección de cómo salvar una democracia, ahora sus líderes jóvenes emprenden su propio camino al poder con un discurso encandilador impregnado de un populismo irresponsable. En nuestro propio continente vemos a la sociedad venezolana al borde del abismo, donde el poder inhibe la aplicación de mecanismos institucionales. En el juego por el poder, al igual que en la guerra, se vale de todo. Y en vez de controlar nuestros bajos instintos y sublimar nuestro deseo de tener cada vez más (sexo, poder y adulaciones), el factor en común de nuestra naturaleza humana es apostarlo todo, con tal de que ganen nuestros seres más cercanos.

En el mundo entero, los terroristas apuestan hasta la vida, con tal de avanzar su tribal agenda irracional. Pero cuando se enarbola la religión, el nacionalismo, el miedo y la esperanza de un mesías redentor (caudillo); cuando se crean estigmas para luego encontrar salvadores que llegan una vez cada 150 años, la tribu cae presa de sus emociones. Estamos apostando a regresar en el tiempo, a las fronteras y confrontación,  un fenómeno que parecía muy nuestro, pero que parece tener un ímpetu generalizado, incluso en Estados Unidos y el Reino Unido.

Flavio Machicado Saravia es miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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