El Réquiem de Gabriel Fauré

sábado, 9 de julio de 2016 · 00:00
Hace un tiempo  asistí a la presentación del maravilloso Réquiem del músico francés Gabriel Fauré. Con muchos años de permanencia en este bello país que me ha acogido con tanta hospitalidad, periódicamente vengo de mi propiedad de los Yungas a disfrutar de  los conciertos que se presentan en la ciudad de La Paz. Argentina de nacimiento, con raíces francesas, y boliviana de corazón, soy especializada en musicoterapia, oficio del que hoy me hallo alejada por otros proyectos laborales.

 Por este motivo es que me aventuro a escribir sobre el Réquiem de este autor francés mundialmente admirado.
 
En la Iglesia Luterana de esta ciudad, con la participación del Coro Sinfónico de la Universidad Privada de Bolivia (UPB) y el Coro de la Universidad Privada de Santa Cruz (UPSA) Cantar Cruceño, los solistas Diana Azero, Marcelo Aguilar y Rafael Aguilar, todos bajo la dirección del profesor Julio Barragán, acudí a escuchar la exquisita belleza de esta obra de tanta frescura melódica. 

 Ambos coros, así como los solistas, ejecutaron la creación con disciplina técnica, aunque faltó la dosis de expresión que toda obra de Fauré requiere en su ejecución, sobre todo por su lenguaje armónico. Ello le restó brillo a la interpretación de tan magistral composición. Quienes estamos compenetrados en la música, estamos al tanto de que este Réquiem, junto con el de W. A. Mozart y el de Giuseppe Verdi, es una de las obras del género más sublimes que existen. Esa noche, sin embargo, se logró una intensa interpretación. 

 Hace aproximadamente tres años, asistí a la parroquia de La Exaltación del barrio de Obrajes, a presenciar el estreno del Réquiem del músico boliviano Pablo Mendieta Paz. Debo decir, sin lugar a equivocación, que en aquella oportunidad escuché una obra verdaderamente grandiosa, no sólo por su exposición armónica, sino por su contenido melódico. Está fresca todavía en mi memoria la solemne y sentida composición que conmovió a al público y, sobre todo, a quien escribe, ya que recientemente había fallecido un familiar muy cercano. 

 Pensé que solamente yo había dejado escapar unas lágrimas al escuchar semejante obra, pero me di vuelta y vi cómo el público ovacionaba, con los ojos llenos de lágrimas, la composición de un magistral compositor que ustedes los bolivianos poseen: el maestro Pablo Mendieta Paz. 

 Secundado por un masivo coro, un cuarteto de cuerdas y un muy bien interpretado órgano, la obra despertó en mí las más variadas emociones: sencilla piedad, melancolía, la audición conmovedora de armonías místicas y misteriosas, como una alabanza emocional que atrapó aquella noche a toda la concurrencia.

 Especialmente llamativo el contenido final, todo pareció desvanecerse en una media luz mística que en volvió la atmósfera de la hermosa parroquia. Cada número, dirigido con brillantez por el mismo compositor, hace, a mi modo de ver, uno de los Réquiem más hermosos creados en Latinoamérica -y quizás no sólo en esta parte del mundo- y, sin que esto sea un aspecto como para no considerar, se ha comentado que se trata del primero compuesto en  Bolivia desde la fundación de la República. Un logro más que monumental para que me lleve en el recuerdo eterno la misa de difuntos que este músico boliviano de notable capacidad creativa grabó en mi mente.

 Con relación al objeto de este artículo, el Réquiem de Gabriel Fauré, escuchado en la Iglesia Luterana, debo decir que aunque la versión del profesor Julio Barragán estuvo acertada por el buen desempeño técnico de cantantes solistas y coros, faltó aquello que en el mencionado Réquiem del maestro Mendieta se expuso a raudales: emoción, carácter dramático en un marco de profunda esencia litúrgica, exposición de belleza melódica y armónica (que en el Réquiem de Fauré también es abundante).

 Sin pretender hacer comparaciones, lo que interesa en el alcance de esta nota es felicitar a todos ustedes por tener a un compositor de una jerarquía que llama la atención por su talento. El Réquiem brevis que compuso el maestro boliviano Pablo Mendieta Paz es presentable en cualquier parte del mundo y es la muestra de lo que compositores latinoamericanos pueden presentar musicalmente al mundo, sea en el género que sea, como en éste, el de la liturgia y el recogimiento, expuesto en latín y como enorme ofrenda  a quienes partieron de este mundo.   
 
Blanca Germain Counes especializada en musicoterapia.

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