Las etiquetas son para la ropa

sábado, 13 de agosto de 2016 · 00:00
Me presto el título de la bien lograda campaña de la comunidad LGBT contra la discriminación. En las controversias políticas también hay un uso recurrente de etiquetas que inútilmente nos dividen e impiden los necesarios consensos. Neoliberal por un  lado y populista  por el otro, son etiquetas simplistas y abusivamente generalizadoras,  que ignoran  importantes matices y distinciones.

Tomemos el término neoliberal y las referencias peyorativas que se le hacen. En el neoliberalismo hay muchas facetas y tal vez los únicos puntos en común que tienen ellas es su defensa de la libertad, incluyendo la libertad económica y su confianza en el papel de los mercados para asignar recursos. Las diferencias entre neoliberales pueden ser significativas. Hay los extremistas -  los fundamentalistas del mercado como diría el profesor Stiglitz -  que postulan un Estado mínimo, que creen que los bancos centrales son un invento de Satán y  que hay que regresar al patrón oro. Tienen sus propias capillas como la Sociedad Mount Pelerin y la escuela austriaca. Sus ideas libertarias bordean con el anarquismo (anarquismo capitalista, por si acaso, lo que puede parecer una contradicción en los términos). 

En posiciones muy alejadas del fundamentalismo de mercado están otros neoliberales que creen que para que los mercados funcionen bien necesitan un soporte legal y de regulación. Admiten que hay fallas de mercado, que tienen que ser  remediadas con intervenciones de los estados, y que los problemas económicos no son sólo de eficiencia en la administración de los recursos escasos, sino también son de equidad.

 Para ellos, los ingresos y la producción tienen que ser distribuidos con justicia. La fiscalidad tiene que proveer bienes y servicios públicos, contribuir a una mejor distribución del ingreso y ser un instrumento de estabilización. La política monetaria tiene por metas el control de la inflación y el mantenimiento del nivel de actividad, prestándole atención a las tasas de interés y al tipo de cambio. Estos neoliberales están en posiciones muy cercanas a las de los socialdemócratas del norte europeo.

En el populismo también hay muchas diferencias. Hay un populismo de derecha y un populismo de izquierda. Sin embargo, las dos variedades de populismo tienen mucho en común: su recurrente invocación al pueblo, su ultranacionalismo, su nativismo  (sólo los originarios tienen derechos plenos, aunque queda por saber qué se entiende por originario), su extremo maniqueísmo y la virulencia del lenguaje.

En estas actitudes no hay mucha diferencia entre  derechistas como Trump y  Le Pen, e izquierdistas como el finado Chávez, Maduro, Evo Morales, García Linera y Daniel Ortega. 

Los populistas de izquierda y de derecha definen al  pueblo y a los  movimientos sociales utilitariamente. Contraponen ese pueblo, dotado de todas las virtudes y entendido como categoría moral y no sólo sociológica (como diría I. Walker) a los "otros”  que para los populistas de izquierda son los oligarcas, los pro-imperialistas, los neoliberales  y los libre pensantes, y que para los populistas de derecha son los inmigrantes y los morenitos. 

Los populistas de izquierda son estatistas y proteccionistas. Son empero más estatistas que proteccionistas con sus nacionalizaciones y la creación de empresas estatales, pero no alegan por barreras al comercio exterior. Los populistas de derecha, que no han llegado todavía al poder, pero podrían hacerlo, proponen erigir muros a los movimientos internacionales de bienes y de personas.

En los populismos de izquierda hay también acercamientos, entre los más esclarecidos, a posiciones consideradas neoliberales. Es así que envían mensajes de bienvenida a la inversión extranjera, aunque muchas veces lo hacen por oportunismo y sin convicción. Tienen también una fe de carbonero en el tipo de cambio fijo, inmóvil hasta el fin de los siglos, al igual que los fundamentalistas de mercado.


Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del  Banco Central de Bolivia.
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