Mortalidad materna y sus bemoles

sábado, 20 de agosto de 2016 · 00:00
Durante la quincena pasada han circulado dos noticias importantes publicadas el mismo día, 11 de agosto, por Página Siete. El posgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés (CIDES-UMSA) va a participar, con el Ministerio de Salud, en la conformación de un observatorio de la evolución de la mortalidad materna. La segunda noticia, informa que el Gobierno ha decidido otorgar a los Kallawayas una matrícula que les permitirá  trabajar en forma legal a partir de diciembre de este año. 

Por esta vez comentaremos solamente la primera noticia. El indicador más usado para evaluar la mortalidad materna es la Razón de Mortalidad Materna (RMM). Se obtiene relacionando el número de mujeres fallecidas durante el embarazo, parto o puerperio con la cifra de nacidos vivos en el mismo año y espacio territorial.

Lo que pareciera una simple operación aritmética, no lo es, por  problemas varios. Ni los embarazos se diagnostican desde el primer mes ni se incluyen fácilmente los fallecimientos que ocurren 42 días después del parto, como establece la norma. Los abortos clandestinos no se pueden contar. El subregistro es general y más grave a menor desarrollo. Frente a esta situación las instituciones especializadas han creado procedimientos complejos para estimar resultados aceptables, aunque no llegan a ser precisos.

 Las inevitables diferencias de estimación de la RMM se agravan cuando interviene la política y las manipula irresponsablemente. Según el Grupo de Trabajo Regional para la reducción de la mortalidad materna formada por UNICEF y otros órganos de NNUU, las publicaciones oficiales señalan que en el año 2008 hubo 5.670 muertes maternas en América Latina, cifra muy inferior a la de 9.075, estimada por el grupo especializado de NNUU y menor también a la de 7.864, estimada por el Instituto de Métrica y Evaluación. 

Bolivia, desde 1989, formó parte del grupo de países latinoamericanos que  aplicaron una Encuesta de Demografía y Salud con normas rígidas, prolijamente validadas, capaces de obtener información confiable y comparable internacionalmente. Las encuestas se realizaron cada cinco años con metodología similar. La primera ENDSA fue la de 1989 sin registro de la RMM. En la de 1994 se estableció que la RMM para 1989 fue de 416 y bajó a 390 para 1994, - 6,25% de descenso-. Diez años después, en 2003 bajó a 235, lo cual significa un descenso de alrededor del 40% con una explicación objetiva: en ese período se rompió la barrera económica que separaba a las más pobres de los servicios asistenciales con la introducción al país de un Seguro de tesis universal que culminó con el SUMI. El 2008, la encuesta mostró una RMM de 310. Este brusco aumento  provocó observaciones del Ministerio de Salud y una revisión que concluyó modificando la cifra a 229. El nuevo dato, comparado con la RMM del año 2003 es menor sólo en 0.02%, lo cual equivale a un estancamiento. No hubo más encuestas debido a la expulsión de USAID, su principal financiador. Por lo cual el conocimiento de la RMM y su evolución posterior quedó  librado a otros cálculos y estimaciones que por heterogéneas  pierden comparabilidad. 

Destacamos este hecho para que se  busque un esclarecimiento de la detención o desaceleración del proceso a partir del cambio político iniciado el 2005. Para nosotros, tal gravísimo efecto pudo deberse a la exagerada importancia otorgada, en los servicios médicos, a las tradiciones originarias en perjuicio de la aplicación de normas garantizadas, a la sistemática e innecesaria hostilidad contra los profesionales bolivianos por favorecer a médicos cubanos y a la sobrevaloración de la medicina tradicional,  en un clima de confrontación que perjudica a todos sin beneficiar a nadie. Últimamente el Ministerio de Salud ha publicado un estudio sobre este tema según el cual la RMM en el año 2000  fue 187 y al 2011 bajó a 160. Estimaciones más bajas a las anteriores, pero en las cuales se mantiene la lenta disminución, 14.4% en  10 años, seis de los cuales corresponden a la gestión gubernamental actual. Los nuevos datos no hacen variar nuestra crítica y explica que en materia de salud, por ese y otros indicadores, sólo Haití nos libra de ocupar el último lugar del Continente. Perú de 1990 a 2015 bajó su RMM de 251 a 68 -72.9%- 

 Ojalá que el observatorio, con la valiosa contribución de la UMSA,  contribuya a que la información sobre un tema de tanta trascendencia tenga seriedad, sea confiable y oriente mejores políticas.

Javier Torres-Goitia T.  es director área de salud  de la Universidad Andina Simón Bolívar.

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