Hillary y la Casa Blanca

lunes, 22 de agosto de 2016 · 00:00
¡Oye!,  ¿por qué te dicen chupete Clinton?, irrumpió como un tsunami en la oficina oval.
¿Qué dices amor? No sé de lo que estás hablando, dijo el presidente aturdido por la ferocidad de la pregunta de su esposa, al tiempo que dejaba de jugar con sus misiles y sus barquitos de juguete sobre un ajado mapa.

No  te hagas al gil y respondeme, ¿por qué todo el mundo te anda diciendo "chupete Clinton”?
No sé Hillarita, por qué será pues. Debe ser porque soy alto, flaco y cabezón, por eso debe ser.
¡Carajo, no te hagas la burla! ¿Quieres que te refresque la memoria? Lewinsky.
 
Lewinsky…… Lewinsky…… no. Ni idea. No sé quién será. No me suena.
 
Claro que no te suena, pero tú si te la suenas. No te pases de vivo conmigo. Si tú no sabes quién es, yo te lo digo, es tu ñata, es con la que te encierras en esta oficina para hacer tus cochinadas.
 
Amorcito, ¿qué te pasa? No sé de lo que estás hablando.
No me digas amorcito, eres un sinvergüenza.
 
Ahora que lo mencionas Hillarisita, creo que es una de las pasantes de la Casa Blanca ¿no ve? Pero te juro que yo no tengo nada con ella. 
 
Dejá de verme la cara de tonta, todo el mundo lo había sabido menos yo, ¿qué te has creído, qué a todas tus pasantes te las puedes pasar? ¡Rata de dos patas!
 
Amor, te desconozco; ese no es vocabulario para una primera dama.
 
No me vengas con tus estupideces. Estoy harta, me voy a ir Bill, me voy y te dejo solo. Agarro mis cosas y me voy. Tú verás qué es lo que haces y cómo te las arreglas sin mí.
 
Perdóname Hillarita, no te vayas.
¡No me digas Hillarita!
Disculpame  mamita, fue un momento de debilidad, no sé qué es lo que me ha pasado, yo no soy así.
 
Claro que no eres así, eres peor pues. Ella apenas tiene 22 años. En lo que te habías convertido, en un viejo verde, un asalta cunas.
 
No mamita, perdóname. ¿Qué es lo que puedo hacer para que me perdones?
Yo no me merezco esto, la única que trabaja aquí soy yo. ¿Sabes gracias a quién estas sentado en esa silla? Gracias a mí, porque sin mí seguirías tocando tu desafinado saxofón en sólo Dios sabe dónde. ¿Y para que había sido? Para que andes correteando como un quinceañero a todas las chicas de la Casa Blanca. Yo te lo he dado todo comidito a ti y para mí no hay ningún reconocimiento, para todos yo solamente soy la esposa del presidente y ahora, encima, la esposa cornuda del presidente. Esta vez has ido muy lejos. ¡No hay derecho, no hay derecho!
 
Lo sé mamita linda, lo sé. Discúlpame Hillcita, diré Hillarita, disculpame por favor, pedime lo que quieras y lo haré.
 
¿Lo  que yo quiera?
 Sí mamacita, lo que vos quieras.
Bueno. Ya sé qué es lo que quiero, quiero una casa.
Claro amor, ¿qué casa, amor?
 
La Casa Blanca pues, ¿cuál más va a ser?, pero para mí solita. Se dio la vuelta y vio el águila en el escudo de los Estados Unidos estampado en la alfombra y dijo: Bueno, hubiera sido que tengas un águila y no solamente un pajarito cantor, y, de ahora en adelante,  guarde ese pajarito que no quiero volver a escucharlo cantar.

Peter Maldonado fue parlamentario.
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