Obermaier

jueves, 04 de agosto de 2016 · 00:00
Marcela Roca

Un santo vivió entre nosotros. Un santo bravo, exigente, gruñón, con una energía legendaria, erigió templos que tenían minaretes en la ciudad más triste del planeta, empapó con agua bendita a presidentes, jerarcas y sus áulicos; clamó a gritos "no nos maten más” en las revueltas del gas; hizo de partero, arquitecto y dio su vida amando. A su manera, con su staccatto bávaro, su porfiada convicción. Su fe. (Facebook).
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