Kushner es un antipático

jueves, 01 de septiembre de 2016 · 00:00
Una de nuestras connotadas intelectuales feministas reclamaba hace unos días que no hay debate en el caso Aramayo Kushner. Naturalmente ella quiso decir un verdadero debate, porque peloteos verbales los hay más que fogatas en los sanjuanes de antaño.  Pero cuando vemos lo que ha producido la discusión, me pregunto si no estábamos mejor ahorrándonos la tinta y el tiempo de tan improductivos leer y escribir.

Yo mismo me he visto involucrado en más de un debate –no sé cuán verdaderos- y tengo la misma sensación que tenía de chico después de haber estado en una piña de barrio: de tener muchas magulladuras y ninguna satisfacción. Así que vuelvo al tema sintiéndome como un porfiado buscarruidos.

Uno de los aspectos que me llama la atención de las discusiones que he visto sobre el tema de marras –y sospecho que sólo sé de una fracción- es el empeño de los aramayistas en que no se ataque a Andrea, incluso cuando no se está hablando de ella. Es como si la agresión que ella ha sufrido perviviese en cada discusión. Tal vez sea la vieja táctica de ganarse puntos probando que un ataque inexistente es además injustificado.

Las veces que he participado en discusiones sobre el caso, me he cuidado de referirme a Andrea sólo en términos del respeto que merece una persona desconocida. Pero si tuviese que expresar una opinión sobre su personalidad, diría que de lo poco que sé, me parece que ella era una joven bastante chinchosa. En la misma vena, me parece que el tal Kushner no sólo es antipático, sino que es un patán, de los del montón que produce esta sociedad y todas las del mundo.

Si en un concurso de antipáticos ganaría él o ella no lo sé, pero por lo visto "Dios los hizo y ellos se juntaron”, aunque en retrospectiva haya sido el peor error que ellos cometieron en sus vidas.
 
Ella no puede arrepentirse, y si el arrepentimiento matase, él ya la habría seguido. Pero eso no viene al caso.

Ahora, si ambos eran o son superficiales, mandones, histéricos, patanes, descontrolados, tontos, erráticos, arrogantes y qué se yo qué cosas más que les han colgado -a lo que yo sumo lo de antipáticos- ¿entonces qué? ¡Nada! ¿No ve? Lo único que se podría concluir es que los dos eran muy queridos entre sus familiares y amigos; como lo somos todos, sin que eso, de por sí, los haga ni culpables ni inocentes. 

Otro aspecto de las discusiones del caso que me llama la atención es la lógica binaria de la que algunos intervinientes, incluso inteligentes, no logran escapar; como si en este no debate sólo hubiese dos opciones: feminicidio o inocencia. 

¿Antes de intentar probar cualquier cosa o tomar una posición, no sería sensato y honesto al menos reconocer todas las opciones que admite el caso? Con admitir una opción o diez, no se está reconociendo valor de verdad a ninguna, sino sólo valor de posibilidad. 

Me parece obvio que si bien el feminicidio es una de las opciones en este caso, y la total inocencia otra, hay múltiples grados de culpa e inocencia entre ambos extremos. Al respecto podemos discutir por discutir o por aprender, pero no nos corresponde dictar sentencia ex ante.  

Sólo un juez, libre de presiones, con toda la información del caso y el conocimiento y potestad que otorga la ley, puede dictaminar.  Si no lo aceptamos, la alternativa es tomar la justicia en propias manos; es decir, el linchamiento.

La posición cerrada adoptada por los aramayistas por el feminicidio puede haber sido la reacción visceral natural comprensible al inicio. No se puede pedir a los cercanos que desconecten el corazón, pero si vamos a entrar al debate munidos sólo de vísceras, el resultado es inevitablemente el que justifica el reclamo del inicio; de que no hay un verdadero debate. De hecho, no lo hay, y está perdiendo la justicia. 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
128
40

Comentarios

Otras Noticias