Salvemos el paisaje natural de la ciudad de La Paz

sábado, 10 de septiembre de 2016 · 00:00
El mundo entero sufre ya de los efectos del cambio climático mundial reflejados en catástrofes naturales de toda índole; todo esto se da desde la aparición del hombre y su accionar depredador de la naturaleza, que vemos estupefactos sin reacción alguna. Es hora de poner fin al pseudodesarrollo antropocentrista que dio origen a toda la situación actual.

 Lo que más repercusión tiene todo esto es que se comete una infinidad de crímenes de lesa ecología, ya sea en la destrucción de la naturaleza, reflejada en el paisaje natural, la desaparición de  los recursos  naturales,  como ser los bosques, especies animales, agua, etcétera, y el hombre como tal.

 Vivimos en sitios urbanos ya casi el 70% de la población mundial y estos sitios son nuestra "gran casa”, la cual es muy  frágil y vulnerable, donde se dan las catástrofes naturales, llámese deslizamientos, riadas, mazamorras, etcétera, que cobran vidas humanas y cuantiosas pérdidas materiales, por la acción del hombre, y también por la reacción de la naturaleza a dicha agresión. 

 Ahora bien, es necesario analizar lo que sucede en nuestro medio. Resulta que se están dando acciones depredadoras en nuestra ciudad de La Paz,  en uno de los sitios visual y físicos más cercanos, como es la gran serranía de Aranjuez (comprendido el sitio de Llojeta) ubicada en la ladera oeste de la ciudad y considerada como recurso de amenidad natural de gran presencia geomorfológica y de belleza plástica, y colorido impresionante, colindante con Achocalla.

 Tal depredación se da con asentamientos humanos no esclarecidos, modificando en forma negativa el paisaje a gran escala. El lugar es considerado como no apto para urbanizar, puesto que -según el estudio realizado por los franceses el año 1978, denominado Plan de Desarrollo Urbano de la ciudad de La Paz, definido en el mapa de constructibilidad- se considera lugar de alto riesgo para edificar.

 Este sitio debería considerarse patrimonio natural de la ciudad. A la naturaleza le llevó miles de años diseñar este magnífico escenario de relieve abrupto, con farallones o cárcavas similares al Valle de la Luna. Todo este sitio se debería respetar, preservar, conservar y evolucionar con propuestas de planes ecorrecreopaisajísticos (parque-bosque) de carácter masivo para toda la urbe, puesto que nuestra ciudad adolece de aéreas verdes, especialmente las de escala metropolitana, que no existen y dan   el carácter de una ciudad desequilibrada, en cuanto a la desproporción de lo edificado versus el verde que se aprecia en el paisaje cultural.

 Que no se depreden nuestros patrimonios naturales heredados. Estamos a tiempo de dar soluciones; de lo contrario, por omisión y no acción, los operadores de alcance nacional, departamental y local serán cómplices de la destrucción. 

 Se necesitan políticas públicas visionarias que enfrenten este desafío de salvaguardar y proteger el magnífico sitio de gran belleza natural, como lo es nuestra ciudad de La Paz, creando  estatutos del paisaje natural, casados con el estatuto del verde, y definir políticas de mancomunidad metropolitana urbano paisajista. 

 Invoco a todas las instituciones sociales y a toda la población de nuestra ciudad para la defensa de este gran sitio. El aporte de solución está en mi propuesta que representé al país en la VIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo Cádiz 2012.

Víctor Urquieta Zeballos es arquitecto.

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