De Rousseff a Temer

lunes, 12 de septiembre de 2016 · 00:00
La contundente votación del Senado brasileño, 61 votos contra 20, completó el juicio político contra Dilma Rousseff y puso punto final a su gobierno. Al inicio del proceso comenzaron a debatirse algunas cuestiones de peso, como la del golpe de Estado, la falta de legitimidad del Parlamento o la escasa autoridad moral de unos políticos corruptos para destituir a una presidenta elegida por el voto popular. Este punto se vuelve más relevante cuando Rousseff no ha sido acusada, hasta ahora, de corrupción. 

Como se ha insistido repetidamente, el juicio político, impeachment, es una figura recogida en la Constitución brasileña, los procedimientos se han respetado escrupulosamente y la figura del "delito de responsabilidad” está claramente definida. A esto se agrega la implicación de dos de los tres poderes del Estado, la Justicia y el Parlamento, con un pleno respeto de la legalidad.
 
En su intervención en el Senado, Rousseff insistió en la falta de legitimidad de quienes querían echarla del cargo después de ser electa por 54 millones de personas. El cese de Rousseff no acabará con la crisis política brasileña, que es de tal calado que requiere reformas profundas del sistema político y con el actual congreso brasileño  es imposible alcanzar los consensos necesarios para llevarlas a cabo.
 
El cambio de gobierno sólo sirve de momento para superar algunas incertidumbres y habrá que ver si la legitimidad de ejercicio le permite a Temer superar las limitaciones de su menor legitimidad de origen. Al igual que Rousseff, Temer es un político con una exigua aprobación pública. 
 
El 49% de los brasileños tiene una mala imagen de su gestión, el 31% regular y sólo un exiguo 8% cree que es buena. 
 
La misma encuesta de Ipsos recoge que un 87% piensa que Brasil va por el camino equivocado y un 59% desaprueba lo que se hace en la lucha contra la corrupción. En este escenario, al gobierno le espera una dura batalla por conquistar la opinión pública si quiere acabar su mandato en condiciones.
 
El desempeño económico será la clave que podría, o no, garantizarle su futuro. Un modesto crecimiento inicial permitiría neutralizar las amenazas provenientes de las causas abiertas ante la justicia electoral por financiación fraudulenta de la campaña que permitió el triunfo de la fórmula Rousseff-Temer. 
 
De momento, la caída de la economía brasileña parece haber tocado fondo y ya comienzan a verse algunas tímidas señales de recuperación, la inflación ha comenzado a moderarse, el índice de producción industrial ha crecido por quinto mes consecutivo y el precio del mineral de hierro, uno de los principales productos de exportación, ha vuelto a subir.
 
Tras la recesión de 2015 y 2016 las expectativas para 2017 son algo más halagüeñas. Si en julio pasado el FMI hablaba de un crecimiento del PIB del 0,5%, en las últimas semanas diferentes estudios lo sitúan entre el 1 y el 1,5, mientras el gobierno apuesta por un 1,6%.  
 
El camino del gobierno de Michel Miguel Elías Temer Lulia, hasta hace poco vicepresidente de Brasil, será muy complicado, el calendario electoral  también incidirá, las municipales del próximo octubre servirán para poner a cada uno en su sitio y para ver cómo la opinión pública ha valorado la actuación de unos y otros. Respecto a las elecciones presidenciales de 2018,  aseguró que no será candidato y esa libertad debería servirle para completar una gestión al servicio del pueblo brasileño.

Marco Antonio Barroso Mendizábal es abogado, 
diplomático y catedrático.

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