Asustado como un pollo

sábado, 17 de septiembre de 2016 · 00:00
Eran mis primeros días en la Cámara de Diputados. Mi experiencia se reducía a alguna visita a la plaza Murillo y nada más. Tenía casi 30 años y, dado que de los siete diputados de Unidad Nacional yo era el único que no era invitado, fui nombrado jefe de la bancada. No es necesario decir que no tenía ni la mínima idea de lo que quería decir eso.

No se llevó a cabo ni una sesión y el que sería elegido presidente de la Cámara convocó a todos los jefes de bancada a una reunión. Llegué a la reunión a la hora señalada y ya se encontraban todos, excepto el presidente de diputados. Ahí estaba Fernando Messmer, arrellanado en uno de los sillones que rodeaban la mesa de reuniones, vestido con un traje azul y una corbata roja. Se lo veía cómodo y relajado al jefe de la bancada de los más de 40 diputados que tenía Podemos.
 
Lo acompañaba un diputado de su bancada de Beni, al que se lo veía con cara de pocos amigos y, en cierta manera, intimidaba. Esa fue una de las pocas veces que vi a este hombre. Con Fernando Messmer trabamos una linda amistad en los casi cuatro años que duraron nuestras labores.

A lado de Messmer estaba el jefe de la bancada del MNR, Mario Justiniano. En la solapa de su terno llevaba un broche de diputado que me llamó la atención. Me preguntaba dónde lo había obtenido, puesto que hasta donde yo sabía -y no sabía nada- todavía no se habían entregado los broches a los diputados. Después me enteraría que Justiniano ya había sido senador del MNR y prefecto de Santa Cruz de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Justiniano charlaba amenamente con el jefe de la bancada del MAS, Gustavo Torrico, que repetía una gestión más como diputado. A este último se lo veía tan cómodo como si estuviera en su casa, hablando fuerte, riendo a carcajadas y dando instrucciones a las secretarias. Se veía como un pez en el agua o, mejor dicho, como un tiburón.

Después de dar la mano a cada uno de estos personajes y tomar asiento, inspeccioné a fondo el salón en el que nos encontrábamos. Esa es una técnica que siempre utilizo para familiarizarme con el lugar y así sentirme más tranquilo. Veía a cada uno de los hombres sentados alrededor de esa mesa. Me sentía asustado como un pollo, rodeado de dragones y tiburones que –pensaba- al menor descuido me iban a devorar. En mi mente producía  imágenes de estos colegas diputados con garras y dientes, es más:  casi podía sentir el movimiento dragonil de sus colas por debajo de la mesa. 

Llegó Edmundo Novillo, del MAS, escoltado por su edecán, un militar con cordón de la Fuerza Naval, y él dio inició a la reunión. Gustavo Torrico pidió la palabra y, de buenas a primeras, arremetió en contra mía, diciendo que no iba a permitir que los diputados de Unidad Nacional estén revelando ante la prensa cuánto ganaba un parlamentario, que esa información era reservada y mantenida en secreto. Proseguía con su intervención y, cada vez más, aumentaba el tono de su voz hasta casi llegar a los gritos. Mientras decía todo eso, me miraba directamente y, con su dedo índice, me señalaba con furia. El resto de los reunidos mostraba  una cara de tranquilidad y de disfrute al ver a un tiburón devorándose a un muchachito asustado.

 Los segundos que Torrico ocupó gritando me parecieron largos minutos, en los que yo  me decía a mí mismo: "Si te dejas apabullar esta vez estás fregado, lo permites ahora y todos te verán como un tonto”. Tengo que confesar que esperaba que el presidente de la Cámara interviniera  y lo hiciera callar, pero el callado era él. Entonces reaccioné. Mientras él gritaba me levanté violentamente del asiento y, a gritos también, le dije: "Si quieres ser huaso aquí encontrarás a otro huaso”. Le dije otras cosas más, como cualquier "machito” en una pelea callejera, a lo que él reaccionó abalanzándose sobre mí, amenazando con los puños. El presidente se levantó de  su asiento y entre el edecán, las secretarias  y los ujieres nos sujetaron a los dos, imitadores de púgiles. Nos hicieron sentar. El presidente pidió que por favor no se repitiesen ese tipo de incidentes. Después la reunión continuó en tranquilidad y calma.

Al terminar la reunión me levanté de mi asiento y mientras me disponía a salir del salón se me acercó Gustavo Torrico, me extendió la mano derecha para despedirse y con la izquierda me dio una suave cacheteada en la mejilla, mientras me dijo con una sonrisa: "Bien chango”. Luego fuimos amigos.

Fue mi primera lección parlamentaria.

Peter Maldonado Bakovic fue parlamentario.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

128
7

Otras Noticias