Librepensamiento

Mitos sobre el Fondo Indígena

viernes, 30 de septiembre de 2016 · 00:00
El escándalo sobre la corrupción en el Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas Originarios y Comunidades Campesinas, más conocido como Fondo Indígena, ha desmontado mitos que se tejieron sobre el indígena en Bolivia.

 La estructura ideológica sobre la cual el MAS asentó su política descolonizadora fue la romántica aproximación de lo indígena como una alteridad en la que estaban concentrados valores y conductas opuestas a la podredumbre de occidente, en especial en su versión capitalista, liberal y democrática.

 Esta visión, por un lado, mantenía intactas las estructuras coloniales, alentando una ilusión descolonizadora -como lo demostraron las Fuerzas Armadas de Bolivia durante el pasado conflicto de clases y suboficiales que exigían la descolonización de esa institución- y, por otro, daba buena conciencia a los progresistas, haciéndoles creer que así se contribuía a desmantelar el capitalismo.

 El indígena no es la "reserva moral” pregonada por el Gobierno y Evo Morales, sino un ser social todavía colonizado y con una demanda descolonizadora ahora más compleja, pues debe liberarse, además de las estructuras que le oprimen desde la Colonia española y que fueron afinadas durante la República, de las lacras que bajo apariencia de halago le ha endilgado el posmodernismo teórico y político. 

 Si bien esa malhadada experiencia desarticula los relatos oficialistas sobre la descolonización, también cuestiona los estereotipos que la oposición tiene sobre el mismo tema. Es necesario recordar que en su concepción sobre lo indígena, el MAS no fue nada creativo ni innovador, sino que asumió toda la ideología que sobre el tema desarrolló antes la corriente liberal, sobre todo a partir del gobierno del MNR de Sánchez de Lozada. 

 La alteridad, el cosmovisionismo y el pachamamismo, son ideologías liberales que luego fueron asumidas por la izquierda, una vez desestructurado su mundo conceptual como consecuencia de la caída del Muro de Berlín. En Bolivia, las ONG progresistas se inmiscuyeron alegremente en ese rumbo, influyendo a operadores políticos izquierdistas y a una nueva generación fantasiosa de vinculadores indígenas.

Las expresiones de ese experimento fueron las medidas de Sánchez de Lozada en cuanto a la Participación Popular, la educación intercultural bilingüe y las autonomías indígenas a partir de los Territorios Comunitarios de Origen. Esas medidas fueron promulgadas con el sostén de imagen de un indígena como vicepresidente, Victor Hugo Cárdenas, y con el generoso aporte operativo de muchos jóvenes que dejaron su antigua militancia en la izquierda tradicional para inmiscuirse en esa nueva aventura conceptual y política.

En gran medida, la vergonzosa derrota del MNR y la evicción del poder de Sánchez de Lozada fueron consecuencia directa de la inanidad de esas políticas. Una de las principales ciudades "beneficiadas” con la Participación Popular fue foco de la revuelta contra ese Gobierno, la ciudad de El Alto, y el elemento motor que llevó a la crisis final fue la movilización de los indígenas altiplánicos, dirigidos por el emblemático Mallku Felipe Quispe: la interculturalidad en su versión posmoderna exacerbó las contradicciones en vez de aplacarlas.

Los mitos también caen en el lado de la oposición, pero esta no hace acto de contrición ni elabora visión alterna. La oposición interpreta el fiasco del Fondo Indígena como la prueba de un maquiavelismo gubernamental que habría, consciente y ladinamente, preparado una trampa institucional para descabezar el movimiento indígena, perturbar su organización y estorbar la vigencia de románticas y etéreas demandas.

 La oposición revolotea porque los acontecimientos atentan a la imagen del buen salvaje por ella implementada. En realidad, la incomodidad del Gobierno radica en que se acostó en la cama preparada por otros… y que no resultó un lecho de rosas. 

Lamentablemente, el Gobierno pasa de un extremo al otro. Habiendo experimentado las contrariedades del Fondo Indígena, plantea su reforma en los moldes más obtusos de la burocracia estatal, matando así toda energía transformadora: de lo malo, se transita a lo peor.


Pedro Portugal Mollinedo, director de Pukara, es autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

137
6

Otras Noticias