Colegio De la Sierra, un ejemplo para imitar

jueves, 08 de septiembre de 2016 · 00:00
  Hace unos días, el viernes 19 de agosto para ser más exacto, junto a un grupo de escritores, asistí a un encuentro con alumnos del Colegio De la Sierra en la ciudad de Santa Cruz. El encuentro, el primero al que yo asistí, fue nada menos que el decimotercero de una serie que empezó en el año 2003, según me enteré gratamente sorprendido. Fue una experiencia aleccionadora digna, en mi opinión, de ser imitada.

   ¿En qué consiste el encuentro? Bueno, en realidad es el remate de un proceso que arranca al comenzar cada año escolar, cuando los profesores escogen un libro de autor nacional para cada curso, que los alumnos deben leer, comentar, discutir y desmenuzar durante cinco o seis meses. Luego, con la presencia del escritor en el aula, hacen preguntas que a lo largo de su trabajo han quedado sin respuesta, en una interacción no sólo enriquecedora para ambas partes,  sino muy divertida. 

En mi caso, los alumnos de tercer grado de secundaria comentaron un libro mío con conocimiento, entusiasmo y solvencia, y lo mismo ha debido pasar en otros cursos. Fue notorio que no sólo habían leído mi libro, sino que habían trabajado sobre él intensamente. Mi presencia en el aula no consistió en una exposición unilateral de mi parte ni mucho menos. Los alumnos hacían preguntas y comentarios  sobre la trama, el escenario y los personajes, algunas veces poniéndome en apuros. También nos reímos bastante. El profesor participaba sólo marginalmente guiando la charla con discreción.

Al cabo los alumnos -algunos de ellos con seguridad futuros escritores- me hicieron firmar ejemplares de mi libro que presentaban huellas de haber sido bastante trajinados. También me presentaron un libro elaborado por ellos, debidamente encuadernado y en tapa dura, con los mejores trabajos literarios hechos en el curso.

 El encuentro, según comentaron luego los escritores que han tenido la suerte de asistir varias veces, siempre está rodeado de un clima de fiesta y alegría, y participan de él, en su etapa final,  también los padres de familia, los cuales pueden comprar los libros que han leído sus hijos en una exposición que se realiza en el patio del colegio.

Las autoridades de la institución educativa le asignan gran importancia al suceso. Éste comienza con una concentración general de los alumnos en el patio principal, donde el director pronuncia un breve discurso y también lo hace un representante de los estudiantes. El acto comienza con el Himno Nacional y termina con el de Santa Cruz, cantados por todos los presentes. Alumnos destacados entregan una placa recordatoria a cada escritor que, en lo que a mí concierne, tomé con agradecimiento.

El encuentro es, quizás, el único de esas características en Bolivia. El del 19 de agosto congregó a escritores de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, a saber: Verónica Linares, María Julia Sueldo, Paula Benedict, Angélica Guzmán, Mariana Ruiz, Rosalba Guzmán, Alfredo Rodríguez, Bárbara Antelo, Isabel Mesa, Liliana de la Quintana, Alejandra Barbery, Ruth Ana López, Gian Carla de Quiroga, Magela Baudoin, Biyú Suárez, Gigia Talarico, Gabriel Chávez y Claudia Vaca. Todos ellos de reconocida trayectoria en nuestro país. 

Los escritores de La Paz y Cochabamba viajaron con pasajes pagados por los organizadores, lo que demuestra que el asunto no es tomado a la ligera por el colegio, pues éste está dispuesto a hacer ese gasto cada año para fomentar en sus alumnos el amor a la lectura. Sin mucho ruido, habría que añadir, el encuentro escasamente repercute en la prensa, a pesar de que hace ya más de una década que se repite.

Este artículo titula "Un ejemplo para imitar” y sinceramente creo que así debería ser. La educación moderna se asienta, según nos informa la experiencia de países más avanzados que el nuestro en ese campo, sobre dos pilares: matemáticas y lenguaje. El Colegio De la Sierra de Santa Cruz, con programas como el que motiva esta nota, nos está señalando el camino en por lo menos uno de esos aspectos. No sería raro que lo mismo estuviera haciendo en matemáticas. Ojalá.
  
 Irving Alcaraz   es escritor.
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