Izquierdas y derechas del siglo XXI

sábado, 7 de enero de 2017 · 00:00
Para  la gente de mi generación y quizá también para las posteriores inmediatas, la política internacional que influía en la mente de los jóvenes de la década de los años  40 del siglo XX era relativamente simple. Tres fuerzas bien definidas pugnaban por ganar hegemonía: el capitalismo, representado por el poderío de  Estados Unidos de Norte América; el socialismo como alternativa de desarrollo humano con justicia social, entonces insurgente en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y los nacionalismos, unos realmente independientes, convencidos de la posibilidad de lograr un desarrollo endógeno independiente del enfrentamiento de las dos primeras fuerzas y otros seguidores del nazi-fascismo. Tres tendencias  mutuamente excluyentes e irreconciliables entre sí.

En aquel entonces, los incipientes medios de comunicación -aunque ya existía Marconi- todavía viajaban en meses de barco y semanas de tren para llegar de allá para acá, y no regresaban. La radio de onda corta era privilegio de pocos y su poder de recepción alcanzaba para captar noticias de Buenos Aires y excepcionalmente radios de Londres, Berlín o Nueva York, con más interferencias que información. Hasta los libros llegaban con retrasos increíbles y beneficiaban a pocos afortunados que podían leerlos, y comentarlos, elevando exponencialmente su prestigio de personas cultas.

En este ambiente, influido por la Asamblea Constituyente de la Revolución Francesa, cuyos diputados se ubicaban a la izquierda o a la derecha de la presidencia, según su posición, más o menos radical en contra de la monarquía. Determinado además por el respaldo de la izquierda internacional a la revolución socialista y la derecha, que claramente también defendía el capitalismo, primero, y luego también el nazi-fascismo, se fueron conformando los ideales de la izquierda de aquellos tiempos.

En nuestro país vivíamos todavía los resabios del feudal esclavismo de la colonia con enormes diferencias entre hacendados y colonos. Los pocos trabajadores manuales asalariados, fundamentalmente mineros y pocos fabriles, compartían parecidas privaciones, de tal modo que la injusticia social con marginación y exclusión eran visibles, y palpables. En esas circunstancias, la juventud, con un mínimo de sensibilidad social, buscaba en el socialismo la justicia y la reivindicación de los más pobres, y se hacía izquierdista. Existían también quienes aceptaban el orden constituido y se hacían derechistas. 

Más tarde la defensa de la salud de la población, concretada en el desarrollo de la medicina social, configuró la izquierda médica, a la cual nos adscribimos postulando la salud como derecho a conquistar por la población organizada, con la misma decisión que conquistó la democracia y con ella la libertad de opinión, de acción y la justicia social. Actualmente aparecen socialismos suigéneris etnocentristas con peligrosos ribetes racistas y sin otro contenido que no sea la angurria del poder para combatir al capitalismo, sacrificando aún el bienestar de grandes mayorías de la población. Esta nueva fuerza del siglo XXI no tiene ningún derecho de autotitularse de izquierda porque está más cerca del absolutismo abusivo que de la libertad, es más nazi-fascista que  socialista.

La izquierda además, para nosotros, se identifica con la justicia, el desarrollo humano integral, la paz, el amor como fuerza creativa, sin relación alguna con  Stalin, Hitler, Musolini o Pol Pot y los Jemeres rojos, totalitarios capaces de sacrificar vidas y virtudes por  acceder, y abusar del poder.
 
Por estas razones, muchas veces hemos opinado que actualmente la diferencia entre izquierda y derecha ha perdido sentido. Por respeto a sus orígenes ya no debería emplearse, pero como es difícil imponer la verdad contracorriente de costumbres arraigadas, por lo menos los que nos formamos en la izquierda, al calor del lema de la Revolución Francesa (Libertad, Igualdad y Fraternidad) o por la convicción de un socialismo humano, justiciero, reivindicador y democrático, no permitamos que las dictaduras, ni el culto a la personalidad de los absolutistas nos roben ese título que merece mejor suerte. 

Recuperar la virtud, personal, social y política para contraponerla al vicio de los tiranos significa trabajar por el imperio de la ley, la justicia y la libertad de todos, sin privilegios ni exclusiones y abrir los dos brazos, izquierdo y derecho, para abrazar con amor a todos, sabiendo que un mundo mejor es posible para ésta y las nuevas generaciones.

Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud.

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