El patrimonialismo, sus consecuencias y cómo superarlo

miércoles, 18 de octubre de 2017 · 00:00
Habíamos llegado a la conclusión de que la causa fundamental de nuestro atraso es que entre nosotros  aún prima la mentalidad de la prebenda colonial: la manera más fácil de prosperar es el uso del poder político y/o social mientras el trabajo es una maldición bíblica, cuando debería ser al contrario.
 
La prebenda se origina en el patrimonialismo –el uso de recursos públicos para fines privados- y ha dado lugar a dos formas de corrupción, la administrativa: los puestos administrativos son premios a la lealtad política y son utilizados por quienes los consiguen para obtener coimas, y la política: quienes adoptan decisiones sobre inversión evaden los mecanismos de evaluación y asignación de proyectos y hacen asignaciones con sobreprecios para beneficio propio y de su partido. En 2016 Bolivia se encontraba dentro del 36% de los países más corruptos del mundo (Transparency International 2017).
 
A ello se suman otras formas de patrimonialismo: el corporativismo, cuando se discrimina en favor de organizaciones funcionales –incluidas de empresarios- a fin de lograr el apoyo político y/o económico de sus miembros, y el uso de los recursos del nivel nacional para hacer campaña política invadiendo competencias de los gobiernos subnacionales, típicamente el programa presidencial  "Evo Cumple”.
 
Como resultado del patrimonialismo, y sus efectos en las actividades económicas privadas tales como la informalidad generada por la corrupción, los recursos en general son asignados muy ineficientemente, lo que determina el atraso (Kaufmann et al. 2003).
 
Lo esencial entonces para poder desarrollarnos es eliminar el uso patrimonial de los recursos del Estado: la cultura prebendal, o la búsqueda del privilegio, debe ser reemplazada por otra, que actualmente también existe pero hay que desarrollar hasta que prevalezca: la de igualdad de derechos. ¿Cómo conseguirlo?
 
En una economía tan dependiente de los recursos naturales no renovables, como es hasta ahora la boliviana, el patrimonialismo ha sido decisivo para que se adopte repetidamente el estatismo, ya que permite a quienes se encuentran en función de gobierno aumentar la cantidad de recursos de que disponen para los fines particulares descritos.
 
Entonces, una primera condición para restringirlo sería buscar la excelencia del Estado en la provisión de bienes públicos y tender a dejar la de bienes privados a los ciudadanos, pero regulando adecuadamente el funcionamiento de los mercados. Abandonar el estatismo pero sin caer en el neoliberalismo: el Estado debe conducir la economía, pero uno que represente efectivamente los intereses comunes de toda la sociedad.
 
Otra condición básica sería que se respete obligatoriamente las competencias de cada gobierno y la provisión de bienes públicos, incluida redistribución del ingreso, se base no en rentas sino en aportes de los ciudadanos (tributos), y hacer que, siguiendo la cultura de la comunidad, los ciudadanos participen efectivamente en las decisiones sobre gasto público y su financiamiento, y en el control de la ejecución de dicho gasto.
 
Para ello se debería hacer que los programas alternativos de gobierno incluyan información sobre el costo actual y futuro que dichos programas implicarán para los ciudadanos y, después, se brinde a éstos información pertinente, oportuna e inteligible para que puedan hacer seguimiento y evaluación.
 
Adicionalmente habría que acordar que las campañas sean financiadas públicamente, y revisar y hacer efectivos el Servicio Civil meritocrático -obligatorio para toda la administración pública incluidos gobiernos subnacionales- y el sistema de evaluación de proyectos y la Ley SAFCO. Hacer que la corrupción sea un delito penal (experiencia de gestiones Del Granado en La Paz) y lograr una justicia honesta, independiente y efectiva: la reforma del sistema actual debería encargarse a una comisión independiente de notables.
 
Y, al mismo tiempo que se va eliminando la prebenda, habrá que implementar una estrategia de crecimiento sostenible con creación progresiva de empleos de calidad. Este tema será objeto de próximos artículos.
 
Iván Finot es MSc. en economía, especializado en desarrollo y  descentralización.

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