Catalejo

Necesidad de cambiar de modelo económico

miércoles, 4 de octubre de 2017 · 00:00
A pesar de que el actual gobierno se benefició de la mayor bonanza económica desde la generada por Potosí, cerca del 40% de los bolivianos aún se debate en la pobreza y el 20% en la pobreza extrema (Catalejo 26/07/17).

¿Mejorará esta situación?  Todo indica que no: las reservas monetarias se están agotando rápidamente, no se ha invertido en forma oportuna ni suficiente en exploración de hidrocarburos y mientras tanto nuestro principal comprador, Brasil, sí lo ha hecho, convirtiéndose desde 2014 en el país con mayores ingresos por hidrocarburos en la región, superando a Venezuela y México (Zorrilla, El analista económico y financiero 18/02/15). 

El Gobierno compensa la caída de los precios y la menor producción con grandes inversiones, pero todo indica que éstas generarán pérdidas: la mal localizada planta de úrea, sólo puede ser rentable con precios del gas subsidiados (Del Granado, Página Siete 12/01/17; Medinacelli, El Diario 26/09/17l); la planta de propileno y polipropileno no contaría con suficiente materia prima (Del Granado, Página Siete 29/06/17), y los precios a que se exportaría la electricidad generada en Madidi con un altísimo costo ambiental no cubrirían los también altísimos costos financieros (Geodata, Fundación Solón 2017). 

Todas estas inversiones –y otras en infraestructura- están siendo financiadas con endeudamiento y, al no ser rentables, no generarán los recursos suficientes para pagarlo. Hasta las empresas públicas en funcionamiento son ampliamente deficitarias (Página Siete 29/08/17). Se aproxima una nueva crisis económica, por sus características, similar a la que generó la dictadura de Banzer (1971-1978) y, como entonces, la pobreza y la indigencia aumentarán.

¿Cómo se ha gestado esta situación?  Remontémonos a 1999, al modelo económico elaborado por Carlos Villegas y Luis Arce, adoptado por el MAS bajo el nombre Nuevo Modelo Económico Social, Comunitario y Productivo. Dentro de un marco teórico marxista, sostenían que el capitalismo estaba "senil” y que, en la transición al socialismo, el Estado debía hacerse cargo de las actividades productivas que generaran la mayor parte de los excedentes: la extracción e industrialización de hidrocarburos y la generación de electricidad, lo que se está plasmando con los proyectos mencionados.

Carlos Marx (1818-1883) hizo aportes importantes a la economía clásica pero, como ocurre en el desarrollo de toda ciencia, también incurrió en errores. El mayor de ellos fue creer que el "homo economicus” –el instinto de toda persona de buscar su mayor beneficio con el menor costo- sería superado, y que la economía llegaría a funcionar movida primordialmente por el interés colectivo.
 
Pero, como lo demostró el costosísimo fracaso de los "socialismos reales”, esto es utópico: las personas siempre tratarán de maximizar su beneficio personal, y recurrirán a soluciones colectivas sólo cuando no puedan resolver algo individualmente.

Y así está ocurriendo ahora en Bolivia: el MAS ha aprovechado que, en el Estado que controla, al poder político se le ha sumado un enorme poder económico, para subordinar el interés general a intereses particulares. Desde ya lo hace en beneficio de los miembros -y sobre todo de los dirigentes- de las organizaciones sociales que le sirven de base. Pero además esquiva normas que han sido previstas para que prevalezca el interés general, tales como el respeto a las competencias exclusivas de cada nivel de gobierno, la pre-evaluación de proyectos y las licitaciones públicas haciendo que, bajo el barniz ideológico, prime el interés personal de sus miembros: unos de ser reelectos, otros, de hacer dinero. Esto es lo que está haciendo que el gasto sea ineficiente y generando la crisis.

El problema económico de fondo es que, desde la Colonia, la manera más fácil de enriquecerse ha sido usar el poder, la búsqueda constante del privilegio, no de la igualdad. Pero sólo podremos desarrollarnos si logramos un consenso en que para todos la única manera de progresar serán el trabajo y la creatividad, jamás el poder.

Iván Finot es MSc en economía, experto internacional.

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