Soy así y qué…

lunes, 11 de diciembre de 2017 · 00:10

“Si soy así… ¿qué voy a hacer? ….nací buen mozo…. y embalao para querer”, así comienza el tango de Gardel y en gran medida refleja una sentencia que tomamos como si fuera una verdad indiscutible: yo nací así, así soy y así me moriré.

Si por un momento hacemos caso a esta afirmación, nos deberíamos preguntar ¿por qué soy así?, ¿por qué soy como soy? 

Según algunas corrientes del coaching (Kofman), existen al menos cuatro razones que condicionan nuestro comportamiento o nuestra forma de ser: las experiencias, el lenguaje, la cultura y la biología.

Basándome en Covey, yo prefiero estas que llamo las tres variables: los genes, la crianza y el medioambiente.

Los genes: yo soy, como soy, por mis genes. De tal manera que si mi padre era un borracho y también el padre de éste, yo tengo altas probabilidades de convertirme en un borracho. Y se vería natural que lo sea, dados los antecedentes en mi familia.

La crianza: las cosas que vi en mi niñez formarán y determinarán en gran medida en el tipo de persona en que me voy a convertir. Si en el hogar de mis padres el trato y la forma de encarar cualquier problema, por pequeño que sea, era a los gritos. Y tanto para mis hermanos como para mí, recibir gritos era la forma cotidiana que mis padres tenían para educarnos, ténganlo por seguro que existen altísimas probabilidades de que mi forma de criar a mis wawas sea a los puros gritos. Es lo que vi en mi casa, es lo que me enseñaron y, finalmente, es lo que yo sé de crianza. Qué entre otras cosas es la forma más sencilla y corta de arreglar cualquier problema con los chicos.

La forma que mi viejo trataba a mi mami… la forma en que yo trato a mi esposa…

Por último, el medioambiente en el que crecimos, los amigos del barrio, del colegio, de la universidad. Las cosas que hablábamos entre los amigos, los juegos, las borracheras en la plaza Avaroa, la coima casi de ley que el profesor de artes plásticas nos exigía descaradamente y yo tenía que pagar, porque era un cero a la izquierda para trazar líneas, y sombras y de alguna manera tenía que aprobar esa bendita materia. 

Cuando chupaba con mis amigos hacía los mismos chistes que hacía mi viejo, cuando él chupaba con los suyos. Me estaba convirtiendo en una versión juvenil de mi viejo. Era natural que sea así, así eran mis padres y así me había criado.

Esto que escribo se puede aplicar a todos los aspectos de la vida, a todos. Desde tu carácter, tu forma de reaccionar ante los problemas, la relación con tu pareja, las relaciones en tu trabajo, con tus amigos, inclusive… hasta tu actual condición económica. 

Si es que creciste en una familia que siempre tenía problemas de dinero, que nunca se podía dar un gusto extra porque nunca había plata, si la norma era la escasez, si las peleas entre tus padres por dinero eran algo normal, no te sorprendas que eso mismo estés viviéndolo ahora. ¿La forma en que tus padres manejaban el dinero es la misma forma en que tú manejas el dinero?

Gracias a Dios un día se cruzó en mi camino Víctor Frankl y me adentré en algo que se llama “la libertad de elegir”. Tonto de mí, recién en esos momentos empecé a darme cuenta que yo no tengo porqué ser como eran mis padres o mis abuelos, no tengo porqué ser como fui criado. No, no tengo. Yo puedo ser mejor.

Yo puedo decidir cómo voy a reaccionar ante cualquier situación, por más difícil que ésta parezca. Yo puedo transformar mi vida y ser mejor persona de lo que estoy siendo. Puedo romper con esos mapas mentales o circuitos neuronales que vinieron guiando mis días.

Y saben ¿cuál es la mejor de las noticias? que puedo criar mejor a mis wawas, sin gritos y sin carajazos. Les puedo transmitir nuevos mapas mentales, que van desde controlar las emociones hasta las creencias sobre el dinero. Por ejemplo, enseñarles a tener plata y dejar de vivir en escases, entre muchas otras más.

 

Peter Maldonado Bakovic fue parlamentario.

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