Reivindicamos el derecho a migrar y a no migrar

martes, 19 de diciembre de 2017 · 00:06

La migración se constituye en uno de los hechos más antiguos que han acompañado a la humanidad desde su origen, ya sea por supervivencia, en épocas remotas, o por factores de atracción y expulsión en la actualidad. Es innegable que la migración es una realidad con muchos desafíos para todos los países que en mayor o menor medida son países de origen, tránsito o de acogida.  Estos desafíos pasan por la democratización del derecho a migrar, para un ejercicio pleno de ese derecho que tiene toda persona de elegir su lugar de residencia, pero también a ejercitar el derecho a no migrar y desarrollarse integralmente en su lugar de origen.


 Ambos desafíos deben concitar la atención de los Estados y sus gobiernos para entender que detrás de la migración no sólo está un sueño por alcanzar, sino también una necesidad insatisfecha, esa necesidad que “obliga” a miles de personas a buscar mejores oportunidades fuera de sus países de origen. 


 La migración es un hecho complejo, cuyas determinantes son aún más complejas; las crisis y desigualdades económicas, conflictos armados y el cambio climático profundizan los factores de expulsión, anulando ese derecho a no migrar. 


 Actualmente existen alrededor de mil millones de migrantes en el mundo, entre migrantes internacionales y migrantes internos; es decir, uno de cada siete personas son migrantes. Estos datos no sólo deben ser analizados desde el punto de vista de la importancia estadística de la presencia de migrantes en la configuración de la población en el  mundo, sino también son una invitación para analizar la enorme contribución de los migrantes en el desarrollo de los países de origen y acogida.


 Esta contribución, que es muy valiosa desde el punto de vista económico, también es un puente de desarrollo social, pues las migraciones benefician la integración social y la diversificación cultural, en un mundo cada vez más global.   


 El pacto m   undial para una migración ordenada, segura y regular en 2018 es una apuesta sin precedentes que se promueve por las Naciones Unidas y que dimana de la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes del año 2016, en el que se expresa la voluntad política de los líderes mundiales para asumir con responsabilidad las migraciones a escala mundial. 


 En el Pacto Mundial, que se celebrará el año 2018, los países asumirán compromisos en favor de los migrantes, de forma tal que cada país cumpla con los acuerdos para que no queden en la retórica de una extraordinaria iniciativa global que reivindique el derecho de toda persona de migrar. Pero también se puedan desarrollar políticas claras para brindar oportunidades socioeconómicas a las personas que quieran ejercitar ese derecho a desarrollarse integralmente en su propio país, región o comunidad y que la migración se constituya en una opción, y no en una obligación.


Horacio Calle es jefe de oficina de la Organización Internacional para las Migraciones.

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