¿Se debe devaluar el tipo de cambio?

miércoles, 20 de diciembre de 2017 · 00:04

Salta a la vista que en los últimos años Bolivia ha perdido competitividad frente a sus principales socios comerciales externos, Brasil, Argentina, Perú, Chile y los Estados Unidos.    Dichos países inundan los mercados con toda clase de bienes, hasta incluso hortalizas y papa. Apenas logramos exportar minerales, gas y, por supuesto, cocaína.


De acuerdo a cifras del Banco Mundial, haría falta una devaluación real del 50%  para recuperar la competitividad que la economía boliviana tenía el año 2010. Devaluación real quiere decir que sería necesario elevar el tipo de cambio un 50% por encima del incremento en los precios internos que la propia devaluación provocaría. 


 En cifras, esto significaría que si los precios internos aumentan en la mitad del incremento cambiario, la devaluación nominal tendría que ser de un 100%; esto es, fijar el tipo de cambio en alrededor de 14 bolivianos por dólar.


 Los bolivianos somos profundamente sensibles a las consecuencias de una devaluación. Si un incremento en el precio de los combustibles es denominado “Gasolinazo”, y hace tambalear al Gobierno, imaginemos lo que un alza semejante en el tipo de cambio podría causar.


 Este repudio nacional a una devaluación se explica por sus efectos inmediatos sobre el ingreso real de más del 90%. Los precios de las importaciones y de los productos exportables (principalmente hidrocarburos) aumentarían; mientras los salarios quedarían penosamente rezagados.  Todos los sectores clamarían por incrementos en precios controlados y en salarios. Se sucederían huelgas, paros, manifestaciones, bloqueos, toma de rehenes y toda la parafernalia de instrumentos de protesta conocidos.


 Resulta paradójico que, al contrario de Bolivia, en algunos países de la Unión Europea (en particular en Grecia), que sufren serios desbalances externos por haber perdido competitividad en su comercio exterior, los movimientos populares reclaman airadamente recuperar la capacidad de devaluar su tipo de cambio. Su pertenencia a la UE implica adoptar como moneda el euro y, por tanto, no disponer de un tipo de cambio nacional.  Esos movimientos consideran preferible perder su acceso a las ventajas comerciales y financieras que les otorga la UE, con tal de poder devaluar la moneda nacional.


 ¿Es que esos movimientos populares europeos son neoliberales? ¿Proimperialistas? ¿Necios?  Pues nada de eso. Lo que sucede es que cuando se  recupera la competitividad, gracias a una devaluación real, se acelera el crecimiento del PIB real y, por consiguiente, reduce el desempleo. Resulta que en esos países europeos la prioridad de los movimientos populares es el desempleo. En cambio, en Bolivia, los movimientos populares están dominados por personas con empleo a quienes les preocupa exclusivamente que su salario no pierda capacidad de compra.


 Es importante notar que cualquier modificación al tipo de cambio no altera, en una primera instancia, ni el PIB real, ni el ingreso nacional real. Es decir, el tamaño de la “torta” no cambia.  Eso sí ocurren tres cosas principalmente: 


Primero, el ingreso nacional se redistribuye a favor de los sectores exportadores; los mayores beneficiarios de una devaluación son las empresas públicas, los mineros, los cocaleros, y otros exportadores. Por tanto, para atenuar el impacto de la devaluación sobre los asalariados, el Gobierno debería incrementar los impuestos a todos estos exportadores, y utilizar esos recursos en beneficio de la población desfavorecida.


 En segundo lugar, cae de inmediato la demanda por importaciones en favor de bienes producidos internamente.  Con esto, aumenta el PIB real, el empleo, y el ingreso nacional.


 En tercer lugar, se alienta la inversión en los sectores exportadores y los volúmenes exportados aumentan en el mediano plazo. Otra vez, eso contribuye a incrementar el PIB real y el empleo. 


 En resumen: si bien es cierto que una devaluación redistribuye el ingreso nacional, también propicia la expansión del PIB, del ingreso nacional y del empleo.  Es necesario, entonces, considerar todos los efectos de una modificación del tipo de cambio para asumir posiciones racionales frente a la eventualidad de una devaluación ya anunciada.

Wálter Gómez D'Angelo es Ph.D en Economía. 

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