Desarrollo y salud

Veredicto popular y responsabilidad futura

sábado, 9 de diciembre de 2017 · 00:05

El significativo pronunciamiento popular en las elecciones judiciales del domingo pasado dibuja otro mapa político nacional. Una votación sui géneris, convocada para elegir como magistrados judiciales a candidatos del MAS, se convirtió en un apasionado referendo. La ambición de los actuales mandatarios por rerereelegirse indefinidamente, violando la Constitución aprobada por ellos mismos, movilizó a todo el país en defensa de sus derechos. 


El MAS se empeñó en que toda su militancia asista a las urnas con instrucciones precisas sobre la forma de elegir a sus candidatos y la oposición, por su parte, convocó al voto nulo como una forma de ratificar su pronunciamiento del 21F y  decir NO al continuismo. 


La innegable mayoría absoluta del voto nulo deja ver que la militancia del MAS  oscila alrededor del 33%. Esa es la proporción de los actuales votos del MAS.  Voto duro y la base sólida del partido. En otros procesos electorales  había más que duplicado esa cifra por el apoyo de adherentes que actualmente están decepcionados por causas que es necesario precisar para nunca MAS volver a ellas.


Las causas del innegable deterioro oficial pueden resumirse en las siguientes: la corrupción, los abusos de poder, el exagerado culto a la personalidad, la indolencia con los más necesitados como las personas con capacidades especiales, la traición a los indígenas auténticos y al antes proclamado respeto a la Madre Tierra, con un estractivismo suicida que no vacila en sacrificar nuestros bosques, contaminar los ríos y hasta el aire que respiramos. 


El proyecto del Bala, además de todos los perjuicios económicos y ambientales denunciados por la Fundación Solón y otras organizaciones, constituiría un criadero de mosquitos vectores de enfermedades tan graves, como la fiebre amarilla, el dengue y otras patologías llamadas tropicales. El proyecto, al igual que el de la carretera del Tipnis, está aparentemente detenido, pero nunca anulado, porque razones de otro tipo inducen a los dueños de la política a no abandonar lo que ellos consideran sus minas de oro.


 A nuestro juicio, a todo lo expresado, se añade y en primerísimo lugar la infeciencia con la que se derrochó los enormes recursos que ingresaron al país y se perdieron irreparablemente. Entre esos, los  60.000 millones  de ingresos extraordinarios que recibió el TGN de 2006 a 2014 como efecto del aumento de precios de las materias primas.  Miles de millones de dólares malgastados cuando el país tenía y sigue teniendo urgentes necesidades para mejorar su infraestructura productiva,  salud,  educción y otros aspectos del desarrollo irresponsablemente abandonados.


 El oficialismo se jacta de que el PIB creció de 11.452 en 2006 a 32.996 millones de dólares en 2014, pero no tuvo capacidad para impulsar un desarrollo productivo. Privilegiaron “la sucesión de hechos más visibles pero menos significativos”, como bien dice  Gonzalo Chávez en su nota  De la espuma del consumo a los ríos de la productividad  (Página Siete, 16-07-17) 


También es cierto que con tanto ingreso la pobreza ha disminuido, pero tan poco en relación a otros países que seguimos en la cola del continente. Con 42,4% de pobres sólo Paraguay está peor con 49,6%. Además, esa disminución sin desarrollo orgánico, efecto de un asistencialismo patriarcal y demagógico, es tan frágil que está en continuo riesgo de reversión en opinión de los expertos
 El nuevo mapa político constituye un desafío para la democracia boliviana. Tenemos que ser capaces de conformar una unidad política con base en principios sólidos, capaz de reconstruir un país libre y soberano, sin dependencias vergonzosas y garantizando los derechos individuales, colectivos, y sociales. 


 Un país que se autoconstruya con el trabajo de todos, solidariamente compartido, sin explotados ni explotadores, sin dominados ni tiranos dominadores. 


Hemos aprendido lo que no se debe hacer nunca MAS, pero nos resta lo más difícil: apuntalar un desarrollo integral en libertad, con justicia social, equidad, participación genuina de toda la población con inclusión que borre la inadmisible e inalterada brecha rural urbana. Con salud y educación para todos con todos y sin abuso de poder.  

Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud.

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