El golpe papal

miércoles, 15 de febrero de 2017 · 00:00
  4 de febrero, 2017. Este artículo  nació esta madrugada de mi  intención de escribirle a un buen amigo, miembro de la Orden de Malta, respecto al terremoto que ha  suscitado el Papa al intervenir la Orden, destituir a su príncipe vitalicio, ocupante de un ostentoso palacio, y de restituir al gran Canciller de la Orden, acusado de "católico liberal”. Esto trae a la memoria la crisis de la Orden  aquí en Bolivia,  años  atrás, la cual,  después de  décadas de ser representada por un honorable y respetado empresario italiano, cayó en manos de gente de dudosa  reputación y antecedentes, por lo que el ingenio criollo llamó a ese grupo "el cártel de Malta”, hasta la  restitución de su honorabilidad actual.

Hola mi querido Amigo:

Quizá este correo te encuentre en Roma, donde habrías asistido a la reunión del Consejo de la Orden para elegir un nuevo Gran Maestre, luego de la renuncia forzada de Matt Festing. La foto de Francis "rinhendo” al británico exmilitar Festing,   electo príncipe vitalicio, en "full uniform”, lleno de condecoraciones y traje de embajador, es dramática. Leí que en realidad la pulseta del Papa era en realidad contra su archirival y acerbo crítico cardenal Raymond Burke, (delegado oficial del Vaticano ante la Orden) que es un extremo-conservador (sin la brillantez de su homónimo de apellido, el historiador Británico del siglo XIX) y que ya hacen un par de años había desatado una rabiosa, y violenta campana de oposición a las reformas sociales de Francisco.

 Aparentemente el Papa descubrió que el cardenal Burke y Fra’ Festing habrían usado el nombre del Papa para destituir al Gran Canciller de la Orden (una suerte de primer ministro       /COE), un noble alemán, hijo de uno de los militares aristócratas  que intentó asesinar a Hitler. Herr Albrecht Freiherr ( Senhor Libre) von Boeselager, acusado de ser "católico liberal” , acusación tan grave, me imagino, como la de a los políticos "neoliberales” de la década del 90 (es decir, nosotros).
 
 Dice la prensa que el nuevo Gran Maestre de la Orden tendrá que ser electo por el Consejo, entre uno de sus miembros, esta vez indicado por el Papa, pasando a ser una institución más de la Iglesia.

 Además, el Papa nombrará una suerte de interventor suyo (otro cardenal), manteniendo al cardenal Burke en su puesto formal de representante papal, pero disminuido en su autoridad hasta el ridículo. Y como si no fuera poco, ¡el Papa ha dispuesto que el noble alemán, acusado de "católico liberal”, sea restituido como Gran Canciller de la (¿soberana?) Orden de Malta!
 Como observador de la política mundial, estudioso de estrategia política, y past-practicante de política criolla boliviana (¡picante como la sajta!), no puedo evitar que se me descuelgue la mandíbula (en Bolivia diríamos que se me caiga la baba) de ASOMBRO. Rara vez uno es testigo de una maniobra política de tan alto vuelo y de habilidad magistral. El "amadito” Francisco (el Papa) no llegó a Papa por nada. Metternich y su emulador Kissinger estarían orgullosos de 
ser equiparados al otrora sacerdote italo-argentino, sobreviviente de las dictaduras militares y del populismo mafioso de los peronistas argentinos.

 Una tremenda sacudida pública la del Papa a su principal detractor y temerario opositor de las reformas de la Iglesia, y de propósito liberarla de lo que se llama "la espiritualidad mundana”, que vincula la legitimación  de los negocios de alto vuelo y el elitismo social con el velo de "hacer el bien a los pobres”. Este modelo de filantropía "piadosa” nos recuerda a fundaciones locales o internacionales que bajo el velo de la imagen de las iglesias, o causas nobles, junta a los privilegiados, en "roscas” exclusivas, cuyos verdaderos intereses están más en avanzar sus negocios, su prestigio social y a evitar pagar impuestos. Hoy están en la mira fundaciones vinculadas a la política, como la de los Clinton y, patéticamente, la del líder Calígula recientemente entronado al norte, como las de sus imitadores criollos.

 Francisco I, siendo un autócrata  legítimo del Estado Vaticano y su Iglesia, está demostrando también ser un político sagaz y efectivo, quizá uno de los pocos políticos mundiales con enorme prestigio y respeto por su cruzada de "conversión pastoral”,  misión  brillantemente ejecutada, con la que el Papa ha demostrado que ninguna parte de la Iglesia Católica es inmune a su llamado de poner al catolicismo a la altura de los tiempos y extirparle sus vestigios de privilegio, y  ostentación barroca, en favor de una Iglesia más tolerante y socialmente más cálida y  democrática.


Ronald MacLean-Abaroa fue alcalde de La Paz.

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