Seguridad y defensa de Bolivia: actualidad preocupante

martes, 28 de marzo de 2017 · 00:00
La defensa de un país es un bien público, lo que implica que es un servicio de protección gestionado y garantizado por el Estado, del cual se benefician todos los ciudadanos, pero al mismo tiempo todos contribuyen.

Vemos con profunda preocupación un deterioro continuo de la calidad de la defensa nacional, cuyas causas básicamente son ausencia de políticas definidas, designación de personal civil no calificado en los mandos políticos y falta absoluta de renovación del material bélico.

La ausencia de políticas de defensa en Bolivia no es nueva, pero se nota cada vez más a medida que los años pasan y se deteriora el parque bélico del país,  manteniendo a las Fuerzas Armadas cada vez más desarmadas.

Parece que sólo es importante la seguridad ciudadana. Las leyes exigen a gobernaciones y municipalidades equipar a la Policía de material para la lucha contra la delincuencia, cosa que se cumple ampliamente, pero el encargado de equipar a las Fuerzas Armadas es el gobierno, el cual no cumple esta obligación porque el clamor popular sólo alcanza a la seguridad ciudadana y no así a la seguridad interna y externa del país.

No se puede negar que el Gobierno ha mejorado notablemente la infraestructura cuartelaria, la calidad de la alimentación de la tropa y los medios aéreos de transporte e instrucción, pero en 11 años no se ha comprado nada que sirva para potenciar la defensa de las Fuerzas Armadas. No hay ni aviones, ni helicópteros de combate, no hay nuevos medios blindados ni artillería y, lo peor, no hay munición para las armas pesadas; mientras que la de las armas livianas se ha reducido al mínimo, afectando la calidad de la instrucción y la capacidad operativa.

Sorprende que los parlamentarios, oficialistas o de la oposición,  no se ocupen del tema de defensa, ni siquiera los de la comisión específica piden informes sobre la situación de la munición, las armas o los aviones, su mantenimiento o su capacidad de combate. A nadie parecen interesarle los riesgos que corre nuestro país, haciendo caso omiso de la historia y sus enseñanzas.

Resulta chocante ver la cantidad de promesas y proyectos lanzados en los  últimos 11 años y su absoluto incumplimiento; se aumentó el efectivo en 10.000 hombres, pero simplemente finanzas no entregó el presupuesto y todo quedó en nada. El Presidente ordenó la creación del Fondo de Defensa, ¿dónde está dicho fondo y el dinero? ¿No se obedece al Presidente o todo es una simple mentira?

Luego, el Ministro anunció la compra de aviones, la compra de fusiles, la compra de armas pesadas, etcétera. ¿En que quedó todo aquello?, pues simplemente en nada…

Se compraron con premura algunos aviones de entrenamiento, asegurando que los pilotos necesitan entrenarse ¿Los tanquistas no necesitan entrenarse? ¿Los artilleros o los infantes tampoco?

Se compraron radares para el control de nuestro espacio aéreo, excelente medida, pero, ¿de qué sirven sin aviones caza que puedan defender el espacio aéreo en caso de incursiones o violaciones de nuestro espacio? Igualmente, ¿para qué comprar simuladores sin adquirir las armas y munición para su uso en caso de necesidad? 

Se han colocado abogados o civiles sin conocimiento militar en lugar de especialistas en las direcciones de Planeamiento y Logística. El resultado es similar al problema del agua: al no estar calificados, las Fuerzas Armadas están cada vez peor atendidas logísticamente. Sus uniformes y equipos ya están ultrapasados, y no se dota nada al personal para el combate, haciendo caso omiso de las leyes y la  Constitución, lo que afecta notoriamente la moral y desempeño del personal subalterno, obligado a comprar todo con su bajo sueldo.

Da la impresión que algunos piensan que las Fuerzas Armadas, porque no tiran piedras ni bloquean carreteras, no son dignas de tomarse en cuenta en cuanto a sus necesidades. Parecen olvidar que son más de 80.000 miembros con influencia en su entorno familiar y social, que cada vez están más decepcionados al comprobar que las promesas de los políticos son sólo eso: promesas o mentiras deliberadas.

 Tomás Peña y Lillo T. es general, magíster en seguridad y defensa.

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