Catalejo

La importancia del MAS y la necesidad de modelo alternativo

miércoles, 8 de marzo de 2017 · 00:00
La victoria del MAS en las elecciones de 2005 tuvo una gran significación para la mayoría de los bolivianos: por primera vez en la historia serían gobernados por alguien con quien se identificaban étnicamente, el campesino de origen indígena Evo Morales.

No fue casual que el primer presidente de origen indígena fuera un cocalero: los campesinos del Chapare habían conformado allí un territorio autogobernado constituido sobre la base de la comunidad campesina en su doble papel de órgano de autogobierno y célula de la organización sindical agraria. Para los cocaleros del Chapare organizarse así era de vida o muerte pues, dado que su producción se destinaba primordialmente a la elaboración de cocaína, tenían en contra al Estado boliviano y a Estados Unidos.

La organización cocalera del Chapare aprovechó hábilmente las medidas democratizadoras del primer gobierno de Sánchez de Lozada (1993-1997) -la Ley de Participación Popular y la instauración de circunscripciones uninominales para la elección de  diputados- designando en la región a los candidatos a alcaldes de los nuevos municipios  -municipios ahora ampliados al mundo rural- y a su máximo líder, Evo Morales, como candidato a diputado uninominal, con las consiguientes victorias electorales.

Luego de estas primeras victorias la irrupción del mundo rural en la política boliviana se consolidó al constituir, con sus organizaciones comunitario-sindicales, un "Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos” que, transformado en el partido "Movimiento Al Socialismo”, viene ganando las elecciones presidenciales, legislativas y aun judiciales desde 2005, ampliando para ello la base de organizaciones sociales que lo conformaron originalmente.

Por su conformación histórica dos aspectos tipifican al MAS: su carácter corporativista y estatista.
 
Lo primero hace que en su gestión no prevalezca el interés general sino la sumatoria de los intereses particulares de las organizaciones gremiales que lo conforman. Lo segundo, que en lo económico prime el Estado como productor.

Esta segunda característica proviene no solamente de la orientación socialista marxista del partido en el Gobierno, según la cual la propiedad estatal de los medios de producción es una transición previa al comunismo. Parece haberse inspirado también en las propuestas de la CEPAL en los años 50 y 60: los países de América Latina se habían caracterizado por participar en las exportaciones mundiales casi exclusivamente con materias primas y, a fin de percibir un mayor beneficio, debían procesarlas. 

Dado que los empresarios locales no contaban con el capital suficiente para hacer esto último, el Estado debía tomar a su cargo esta tarea, al menos provisionalmente.

Lo que no se tomó en cuenta fue que al asignar este rol al Estado se estaba añadiendo el poder económico al poder político en favor de los políticos -o golpistas- que lograran controlarlo. Los incentivos se orientaban no a la rentabilidad de las empresas sino a acrecentar el poder económico del Estado a través del endeudamiento general y entonces el resultado fue la crisis de la deuda de los 80. Y fueron las grandes mayorías, no los golpistas y políticos estatistas, las que pagaron por el experimento a través de la inflación.

Ante estos resultados la CEPAL cambió radicalmente su propuesta: la experiencia de los tigres asiáticos mostraba que el camino para conciliar crecimiento con equidad no era el estatismo -y sus adversos resultados- sino la educación, camino, esta vez acertado, que recién ahora, 30 años más tarde, empieza a seguir América Latina.

El surgimiento del MAS ha sido decisivo para que, por fin, todos los bolivianos nos sintamos iguales pero ni su corporativismo ni su estatismo son incluyentes. A pesar de ello, seguirá siendo por muchos años un gran partido socialista. Pero es indispensable contar con alternativas políticas y económicas.

En lo político, es necesaria la igualdad de derechos, sin exclusiones. Y en lo económico la experiencia latinoamericana previa al auge de los precios de las materias primas muestra que el camino al desarrollo no es el neoliberalismo económico; pero tampoco lo es el estatismo. Se requiere de un Estado fuerte, regulador  y promotor de los recursos humanos, pero la innovación productiva debe ser tarea de todos los ciudadanos, no de políticos.

Iván Finot es MSc en economía, experto internacional.

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

86
85

Otras Noticias