Del homo sapiens al homo business

viernes, 14 de abril de 2017 · 00:00
Gonzalo Chávez ha contestado este domingo a mi crítica a su artículo del 19 de marzo. En un debate no se justifica gastar papel y tiempo en establecer si uno tiene más razón que otro.
 
Debemos más bien dejar que el lector decida cuánto aprende de cada argumento. Hubiese, pues, dejado lo antes dicho por dicho si no fuera que Chávez me hizo decir lo que no dije. 

Yo le critiqué dos cosas: uno, su apología del desdén por la teoría que, según él, tienen los jóvenes de hoy como marca de modernidad, y, dos, la generalización de ciertas verdades de un ámbito educativo al general. Pero, cuestionar la validez de ese desprecio no es lo mismo que ignorar la importancia de la práctica, que es lo que Chávez me hace decir. 

En ese su artículo de marzo él decía: "Los nativos digitales (…) son una generación práctica que aprecia la experimentación antes que la teorización”. A lo que yo respondí argumentando que esa aversión juvenil a la teoría no es tan moderna, y defendiendo el papel esencial de la teoría y la abstracción. 

Me gustaría descubrir que él y yo coincidimos, pero me hace dudar esta su afirmación: "Sostengo que experimentación y teorización son un binomio inseparable que permitió la aparición del homo sapiens y el avance de la ciencia en diversas áreas”. No sé qué entiende Chávez por teoría, pero no veo cómo ella pudo dar lugar a la aparición del homo sapiens. 

¿Es el teorema de Pitágoras teoría? ¿Prefieren esos alumnos sedientos de pragmatismo construir miles de triángulos y en cada uno descubrir empíricamente que el cuadrado de la hipotenusa es la suma de los cuadrados de los catetos, cosa que vale para triángulos de todo color? Sólo después ¡oh maravilla! el profesor les revela que hay un teorema que lo prueba. 

Esto que se da en la geometría elemental se repite en niveles de mayor complejidad del conocimiento. El que no conoce el teorema de Pitágoras está condenado a pasar la vida midiendo triángulos, metafóricamente hablando.

Es obvio que el equilibrio entre teoría y práctica no es el mismo en todas las disciplinas. Chávez propone meter en la misma bolsa a "los futbolistas, los cirujanos, los botánicos, los biólogos, los geólogos, los chefs de cocina que desarrollan sus habilidades a través de  la observación, la repetición y la experimentación? Aquí hablamos de la inteligencia corporal, natural y cinestésica”. 

Nomás para entender, ¿un geólogo ejerce su inteligencia corporal y natural escalando montañas y partiendo rocas? Futbolistas y cocineros, sin duda, desarrollan vistosas y sabrosas formas de inteligencia, pero la teoría que sacan de sus prácticas es de otra índole. Chávez confunde inteligencia con teoría y cinestesia con no sé qué. 

Un paso más arriba están las llamadas escuelas de negocios. Chávez dice que ellas me "incomodan”. ¡En absoluto! Sin ellas no tendríamos buenos banqueros, administradores, gerentes, y tantos otros profesionales necesarios para la sociedad. No puedo ni quiero criticar la labor pedagógica de Chávez, de la que lo poco que sé es bueno; y si es exuberante en la publicidad, está en su papel. 

Tal vez para los estudiantes de su escuela sea "más valido -aunque también se trabaja con pensamiento abstracto- aprender de casos exitosos y fracasos de empresas”. No dudo, pero me pregunto cuán abstracto puede ser el pensamiento que teoriza sobre el éxito de una empresa. 

Mi punto en mi anterior artículo era que verdades propias de esas formas de aprendizaje, que Chávez sin duda conoce bien, no se aplican necesariamente a todas, y critiqué el hubris de Chávez de haber generalizado acríticamente desde su torre particular. 

A veces se malentiende el énfasis de la argumentación como ataque; como si en una partida de ajedrez ofendiese al amigo amenazarle la torre o hacerle jaque, como si después del mate no se pudiese ofrecer la mano y jugar otra partida, como si las fichas sangraran. Si he eludido el jaque, juega Chávez.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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