Aborto, objeción de conciencia y el Colegio Médico de Bolivia

jueves, 27 de abril de 2017 · 00:00
Para el Colegio Médico de Bolivia su nombre deviene de la palabra latina collegium, que etimológicamente significaría "juntos por ley” Institución reconocida en el Derecho Romano y en nuestro ordenamiento legal como una asociación privada, regida por su propio Estatuto ó lex collegii, en el que se establece su organización y funcionamiento.

 Así, mediante estatutos y reglamentos, marca pautas de actuación individual, consideradas de manera unánime como la contribución de la profesión al bien social, por el respeto debido a los derechos de los particulares, velando por la ética y dignidad médica.

  Al interior del Colegio Médico se consideran cuatro ámbitos denominados: institucional, académico científico, gremial-laboral y Ético Deontológico, siendo este último, mediante sus competencias y atribuciones, el encargado de orientar, asesorar, interpretar y educar a las distintas instancias del Colegio, pronunciándose sobre aspectos éticos y bioéticos que atañen a la comunidad, al representar en forma autorizada al cuerpo médico de Bolivia.

 El aborto permanentemente ha sido considerado al interior del cuerpo médico, no solo de Bolivia, sino del mundo entero, y el juramento hipocrático original lo prohíbe. Si embargo, se debe insistir en que en el Colegio Médico el intercambio de conceptos, ideas, sentimientos favorables o contrarios a realizar el aborto no significa, bajo ningún aspecto, que, filosóficamente hablando, los médicos contrarios al mismo sean religiosos e idealistas y que los favorables a su acción sean ateos, agnósticos o materialistas.

 No es así, porque esa es una visión y explicación demasiado simplista, y maniquea de las consideraciones médicas en este álgido tema. La composición del Colegio Médico boliviano suma todo tipo de pensadores y el común denominador es el respeto, y aprecio a la vida.

 Las consideraciones emanadas oportunamente del Tribunal Nacional de Ética ante el debate actual sobre la modificación del Código Penal Boliviano responden al derecho a ejercer individualmente la libertad de conciencia y su derivación, que es la objeción de conciencia.

 Institucionalmente consideramos que la libertad de conciencia es individual y tiene su reconocimiento positivo desde el año 313 de nuestra era, cuando, en el Imperio Romano, se publicó el Edicto de Milán, que establece que: "…Nadie que haya aceptado la creencia cristiana o cualquiera otra que parezca ser la más conveniente para él sea obligado a negar su convicción…”. Así se reconoció un derecho básico del ser humano, inserto en nuestra Constitución, que implica  la garantía, por parte de los poderes públicos y los ciudadanos, de que el juicio personal y la actuación que del mismo se deriva se va a realizar sin interferencias o impedimentos de cualquier tipo.

Una posición política contraria a ese derecho produce un verdadero conflicto entre conciencia  y  ley, sobre todo si se pretende imponer una cosmovisión que ignore la conciencia de algunas personas, porque así el individuo, que debe responder en primer lugar al tribunal de la propia conciencia, se aferra a la misma, como un derecho subjetivo, apareciendo entonces la  objeción de conciencia  en temas  como  el servicio militar, la obediencia debida, el  aborto, la reproducción bioética, la eutanasia, las transfusiones de sangre, la escolarización educativa, los símbolos religiosos, el matrimonio homosexual, entre otros temas.

 La objeción de conciencia se apoya éticamente en razones y sentimientos axiológicos en las que pueden o no estar los religiosos, siendo este apoyo el núcleo de la cuestión. Quien practica la objeción de conciencia no aspira a obtener publicidad, modificar normas, ni pretende obligar a los demás a revisar su decisión;  su intención no es obstruir u obstaculizar la norma legal, sino obtener  el legítimo respeto a su propia conciencia; por lo tanto, hay una ausencia de fin político. 

 En Bolivia, de acuerdo a la sentencia constitucional 0206/2014, se reconoce la capacidad del médico a acogerse a la objeción de conciencia, eso hace que constitucionalmente ese ejercicio no sea una desobediencia a la ley, sino que es el legítimo ejercicio individual de un derecho, que se justifica al significar un bien jurídico básico relacionado con la identidad moral de las personas.

 En los ámbitos del Colegio Médico se considera que en los diversos temas controversiales, a los que los médicos nos vemos enfrentados, las más de las veces, individualmente, acogerse a la objeción de conciencia será más frecuente, porque en nuestra práctica el avance de la ciencia y tecnología, inmersa en la diversidad moral Boliviana, propiciará un mayor número de veces en las que el médico o el paciente se vean obligados a objetar.
 
Hugo Mario De la Quintana Gonzáles  es  vicepresidente en ejercicio  del Tribunal Nacional de Ética y Deontología del  Colegio Médico de Bolivia.

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