Cambio climático

jueves, 27 de abril de 2017 · 00:00
Existe consenso científico sobre las causas del cambio climático: una industrialización dependiente de hidrocarburos pone en peligro la supervivencia de futuras generaciones. El papel del hombre en la crisis ecológica debería ser un caso cerrado y la humanidad debería enfocarse en revertir nuestra "huella de carbono”. Sin embargo las políticas de preservación se han politizado, especialmente en la tierra de Trump. 

La mayoría de los republicanos, incluyendo su líder nacionalista, han adoptado una retórica anticientífica. Esta negación del papel del ser humano en el deterioro planetario e intereses ligados a los combustibles fósiles jugaron un papel activo en la oposición política en contra de Obama, con una campaña artera de desinformación sobre el tema climático. 

Los Estados Unidos son el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero después de China. Si el mayor contaminante del planeta no cumple con las políticas para revertir el cambio climático, otros países podrían dejar de cooperar con ellas y las temperaturas seguirán subiendo.
 
Mucho peor aún si Estados Unidos se retira del acuerdo de París, firmado con otras naciones desarrolladas en virtud del cual deben otorgar 100.000 millones de dólares al año para luchar contra el cambio climático, ayudando especialmente a los países menos desarrollados.

Salirse del Acuerdo de París sería un gran error para los Estados Unidos. El cambio climático es un problema global y resolverlo requiere de un esfuerzo conjunto. Esperemos que, a pesar de las amenazas en esa dirección, el gobierno de Trump entienda la lógica y razones geopolíticas del Acuerdo de París, entre ellas la de empujar el avance de otras prioridades como el comercio y la seguridad, donde también se ha creado una peligrosa incertidumbre.

Por el momento, la administración Trump pretende reducir el presupuesto de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) y revertir políticas de protección, estándares de eficiencia y regulaciones energéticas. Scott Pruitt, cabeza de la EPA, no cree que las emisiones de carbono derivadas de la combustión de combustibles fósiles sea la principal causa del cambio climático, sosteniendo que la contribución humana al cambio climático es "dudosa”. Ante este escepticismo irresponsable, parece que deberán ser las fuerzas del mercado quienes se encarguen de innovar y desarrollar alternativas ecológicas.

China y la Unión Europea han reafirmado su sólido compromiso con el Acuerdo de París y ni un solo país ha indicado que se saldrá del mismo en razón de las amenazas del gobierno de Trump.
 
Un futuro con energía limpia traerá aparejados enormes beneficios en favor de la economía y el bienestar colectivo, reduciéndose el altísimo costo que representan las inundaciones, incendios forestales y sequías.  

Según la OMS, unas 12,6 millones de personas fallecieron en 2012 debido a la contaminación de agua, aire y suelos, cambio climático y radiación ultravioleta, que contribuye a más de 100 diferentes tipos de enfermedades. El 2013, unas 18.000 personas murieron en todo el mundo debido al terrorismo. Pero si vemos las prioridades de la Casa Blanca, parecería que los papeles son invertidos. 

Vivimos la era de Trump, con populistas de todo índole jugando con las pasiones de sus naciones. Y como el poder es un juego caro para economías capitalistas y proto-socialistas por igual, el enfoque seguirá siendo generar ingresos, sea con minas de carbón, petróleo por fracturación hidráulica o desmontando bosques húmedos para integrar Trinidad con el Chapare. 
Irónicamente, la esperanza de un esfuerzo internacional conjunto contra el cambio climático parece estar en el Gran Dragón, quien intercambia papeles con un Tío Sam enajenado por intrigas palaciegas y su ímpetu de proteger a su nación de terroristas, refugiados e inmigrantes, ignorando los peligros de la inminente crisis ecológica.  


Flavio Machicado Saravia es miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas. 

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