Seis de un golpe

lunes, 1 de mayo de 2017 · 00:00
El público está esperando, con una sonrisa socarrona, el anunciado pero no concretado debate entre el Vicepresidente del Estado Plurinacional y la oposición. El Vicepresidente ha declarado que va a debatir solito contra seis malandrines opositores. Su desafío nos ha hecho pensar en el cuento para niños El sastrecillo valiente de los hermanos Grimm. Como el sastrecillo del cuento, aniquilará (en sentido figurativo) a los seis derechistas neoliberales. Le faltará uno para completar el cuento, pero de seguro lo encontrará. 

Los ha desafiado en política, economía, literatura y matemáticas. No sé si sabe el retador  que el ex presidente Tuto Quiroga puede hacer mentalmente complejos cálculos aritméticos con gran rapidez, para asombro de todos. Supongo que no ha perdido ese don con la edad. Por otra parte, no conozco a nadie que le pueda ganar en erudición literaria y en dotes oratorias al ex presidente Carlos Mesa. Su amplia cultura la ha demostrado varias veces, al punto que dejó aturdidos a sus entrevistadores chilenos, que eran además muy lisos. Samuel Doria Medina conoce bien la teoría económica y los datos económicos del país; en la discusión el Vicepresidente podría perder los hilos. Lo mismo se puede decir del gobernador Rubén Costas y del alcalde Luis Revilla, que de política de los gobiernos subnacionales saben muy bien de lo que hablan. Víctor Hugo Cárdenas tiene la voz de la experiencia como gobernante en un buen gobierno y además  conoce, como pocos, tanto los problemas de la educación como los de la inclusión de todos nuestros compatriotas. 
 
En todos los campos del certamen, los desafiados tienen ventajas comparativas, pero el tema del debate debiera centrarse en los puntos del manifiesto de los expresidentes y líderes políticos. ¿Podrá el Vicepresidente ganarles a los desafiados,  sea por separado o en conjunto? Sus añoranzas de la revolución bolchevique (que cumple cien años este octubre) no le servirán de mucho.
 
Más allá del desafío, que puede pecar de infantilismo, ha llamado la atención la virulencia de los ataques a los ex presidentes y líderes políticos. Una respuesta inteligente de los personeros del Gobierno hubiese sido de ignorar su declaración  y dejar que las aguas sigan su curso. Perdieron la oportunidad de quedarse callados. Más inteligente aún hubiese sido coincidir, por lo menos en apariencia y en los discursos, con algunos de los cinco puntos del documento. 
 
Los interpelados por la oposición sacaron todos los insultos de su arsenal, que son por demás conocidos y que ni siquiera tienen el mérito del ingenio. La artillería verbal contra los opositores no hace sino ratificar que hay en el país un déficit de democracia y que, como denuncia el documento, la justicia no funciona bien. Las persecuciones políticas no son una trivialidad y no se las puede pasar por alto con argucias como el de que se trata de casos de corrupción. Inventarse cargos de corrupción es un ejercicio bien conocido y no hay que ser un premio Nobel en política para aplicar la receta.
 
¿Cómo creen que cayó en el público la detención de Ernesto Suárez con el endeble pretexto de que no tenía domicilio conocido? Felizmente fue liberado, pero después de haber pasado 27 días en las sombras siniestras de Mocoví. El atropello cometido contra  Suárez no es el  primero ni es el único.
 
El poco respeto por los derechos humanos en el país se extiende también a la política internacional, con el apoyo incondicional a dictadores de diferentes pelambres. Es así que nuestro embajador en la ONU, de ñañas con el embajador ruso, se puso a defender lo indefendible. Poco faltaba para que haga el elogio de Bashar Al-Assad y del peinado de Kim  Jong-un. Nuestro Gobierno sigue apoyando al dictador Maduro de Venezuela, quien no duda en emplear a sus paramilitares para reprimir a la población. Nuestro embajador en la OEA, para defender a Maduro, pensó que podía maniobrar a los embajadores de los países vecinos como lo hacía en su sindicato. Se había equivocado de reunión y de estrategia.  

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y ex presidente del Banco Central de Bolivia. 

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