El despertar estratégico de Japón

jueves, 11 de mayo de 2017 · 00:00
El epicentro de la geopolítica y la economía global se está desplazando con rapidez hacia la región Asia-Pacífico, realidad reconocida por diferentes actores del orbe. Más allá de las enormes oportunidades económicas que brinda Asia, el aumento exponencial en el gasto militar chino, la creciente confianza diplomática y estratégica de Pekín y la radicalización del régimen norcoreano siembran una sombra de incertidumbre sobre la estabilidad y el futuro de la región Asia-Pacífico.

La creciente incertidumbre que caracteriza el entorno geopolítico en la zona Asia-Pacífico ha llevado a Japón a cuestionar la actitud excesivamente defensiva que ha guiado su Constitución y su desarrollo político desde la Segunda Guerra Mundial. Bolivia es uno de los mejores amigos del Japón, esto atribuido a diversos factores como ser: la contribución de aproximadamente 14.000 inmigrantes japoneses y sus descendientes (nikkeis) que viven en Bolivia y la cooperación económica y técnica de Japón durante décadas. 

Entre Japón y Bolivia existe una larga historia de amistad y cooperación mutua. En cooperación económica y técnica, Japón ha desembolsado un monto total de más de 138 mil millones de yenes japoneses en varios sectores, entre los cuales se destacan el agua potable, la educación, la salud y el desarrollo agrícola.

 A ello se suma que desde 1961, jóvenes y expertos japoneses voluntarios  brindan un valioso aporte al desarrollo de Bolivia, el cual es el segundo y tercer país exportador a Japón de zinc y plomo, respectivamente. A la fecha, la empresa Minera San Cristóbal, filial de la Sumitomo Corporation, que opera en Bolivia, se constituye en un proyecto símbolo de las buenas relaciones de amistad.

Por las razones expuestas, corresponde referirse al desempeño del Gobierno japonés presidido por Shinzo Abe, que ha expresado su voluntad de relajar parcialmente algunas de las restricciones políticas y legales que siguen rigiendo la política exterior y de seguridad japonesa, centrándose en avances progresivos y modestos como, por ejemplo, fomentar una mayor participación e integración de Japón en tareas de seguridad global o rebajar los obstáculos a la exportación de sistemas militares japoneses o a la cooperación industrial militar con otros países.

Los intentos de Abe por superar la mentalidad estratégica defensiva que caracteriza a Japón vienen acompañados de un aumento del gasto militar en un 5% para el quinquenio 2014-2019, una profunda reorganización de sus estructuras de seguridad nacional e inteligencia y una profundización de sus vínculos estratégicos con Estados Unidos y con numerosos socios regionales (Corea del Sur, Rusia, Australia, ASEAN y la India) e internacionales (entre los que destacan la OTAN, la Unión Europea, el Reino Unido y Francia). 

Este proceso de normalización recibió un importante empuje en abril de 2015 con la decisión de Japón y Estados Unidos de revisar su relación estratégica, expandiendo el ámbito geográfico de su cooperación bilateral y reforzando la cooperación en áreas como la defensa antimisiles, la ciber-seguridad, la disuasión submarina o la inteligencia, vigilancia y el reconocimiento. También los japoneses han expresado interés en fortalecer sus vínculos estratégicos con Alemania e Italia. 

Lo expresado, refleja el despertar estratégico del Japón, su condición de país que apuesta por tender lazos fraternos de amistad con la comunidad internacional y la vocación pacifista y de cooperación.

Marco Antonio Barroso  Mendizábal es abogado, diplomático y catedrático.

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