Los mileniums

miércoles, 24 de mayo de 2017 · 00:00
Tienen entre 18 y 35 años, los vemos caminando las calles, asistiendo a las universidades, trabajando (o buscándolo) con pantalones chupín, dibujos tatuados en sus cuerpos, piercings destellantes. A simple vista podemos darnos cuenta que son otra generación y que responden a otros intereses, y a otras motivaciones que la nuestra o generaciones pasadas.
 
Vale la pena  hacer el esfuerzo por entenderlos y respetar y aceptar sus singularidades. A diferencia de la generación pasada, que entendía el éxito como el resultado del trabajo arduo y sacrificado que permitiría alcanzar una posición social, tener plata, una linda casa, un lindo auto, un buen trabajo; los mileniums buscan el éxito o la realización personal en el camino y no en la meta.
 
Ellos disfrutan el viaje y ésto es importantísimo para todos los que queremos entenderlos: partiendo de la familia, las universidades, las empresas o instituciones donde irán a trabajar, la iglesia, etcétera.
 
Otra característica es que los mileniums, al ser menos formales que los anteriores, buscan una relación de igual a igual con el resto; entonces, si al frente de ellos está su padre/madre, que exige respeto y jerarquía militar….. lo perderá. Lo mismo pasará con docentes universitarios que miran a sus alumnos escalones más abajo o el jefe en el trabajo que no acepta un punto de vista diferente o una opinión contraria, o el político acartonado distante que se sitúa lejano y más arriba que el resto.
 
Los mileniums son nativos tecnológicos, nacieron con/en las redes sociales, tienen una gran facilidad para manejarse en ellas, pero creer que son expertos en otros campos de la tecnología es un mito. La gran desventaja de las redes sociales es que limita sus capacidades de relacionamiento social; fuera de las redes pueden ser tímidos e inseguros.
 
Aquí el desafío será utilizar la tecnología para comunicarnos y también para trabajar o estudiar con ellos. En las universidades será imprescindible utilizar TICs, las empresas, instituciones, políticos o iglesias que deseen entrar en contacto con ellos, como mínimo deberán tener una fan page en el Facebook, una cuenta en Twitter o tener una App que esté disponible en el Play Store. No será necesario mencionar que estas cuentas tienen que ser atendidas por personas de carne y hueso con criterio, y no por un software que respondan generalidades a cualquier pregunta o que nunca respondan.
 
Los mileniums, por supuesto, toman muchas de sus decisiones en las redes sociales: publican, comentan,  leen otros comentarios, comparten, le dan like y finalmente deciden. Para ellos el proceso de decidir o de comprar es tan o más importante que lo comprado o que la misma decisión; entonces, si la empresa, la institución o el político no responde prontamente y realmente a algún comentario o pregunta en el Facebook…. lo perdieron.
 
Los mileniums se apasionan y siguen a porqués, a propósitos o a causas superiores. Cuando tienen que decidir por comprar algún producto, comprarán un propósito y no solamente un producto, como dice S. Sinek: "los mileniums no compran lo que haces, compran por qué haces lo que haces”, no siguen a un político con un plan, siguen a un político que tiene un propósito; es decir, siguen al propósito. Y cuando la gente (no sólo los mileniums) se conecta con el propósito, el propósito deja de ser de aquella empresa o de aquel líder político y pasa a ser de la gente, y la gente se ve identificada, se siente representada, comprometida y entiende que el propósito es uno mismo. Porque los valores, los sentimientos y las emociones que cada uno guarda en su corazón son proyectados y reflejados en aquél propósito. Magia pura, ¿no? 
 
Me hace recuerdo a lo que pasó en la elección de 2005, eran los planes de los que finalmente salieron derrotados versus el propósito del que ganó la elección.
 
No  siguen a un  político con un plan, siguen a un político que tiene un propósito; es decir siguen al propósito.
 
Peter Maldonado Bakovic fue parlamentario.

 


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