Catalejo

Bolivia debe dejar de apoyar a Maduro

miércoles, 31 de mayo de 2017 · 00:00
Nuestro gobierno fue el único que apoyó la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela de asumir las competencias y atribuciones de la Asamblea Legislativa de ese país hermano. Esa decisión, si bien después fue parcialmente revocada, suscitó protestas en Venezuela que, al ser frenadas por la policía bolivariana y "colectivos” chavistas armados, parecía que iban a ser sofocadas. ¡Pero las protestas ya llevan 60 días, 60 muertos y más de 1.114 heridos! Y el bravo pueblo venezolano sigue en las calles.

Recordemos el origen de esta situación: para empezar, en Venezuela no se elige Vicepresidente, por eso Nicolás Maduro, el "Presidente encargado” por Chávez antes de morir (marzo de 2013), debió someterse a elecciones en el mes siguiente. Las ganó con el 50.6% de los votos y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) quedó nuevamente a cargo del Ejecutivo. Además contaba con el 59% de los escaños de la Asamblea Legislativa: esto último gracias a un particular sistema electoral pues en las elecciones correspondientes (realizadas en 2010) sólo había obtenido el 48% del voto popular. Pero esta mayoría de escaños permitió al PSUV nombrar un Consejo Nacional Electoral que le fuera afín.

En diciembre de 2015 hubo nuevas elecciones parlamentarias y en esta oportunidad el 60,1% de los venezolanos votó en contra del "Gran Polo Patriótico Simón Bolívar”, donde el PSUV era el principal componente. Yendo en contra de la voluntad popular recientemente expresada, antes de que el nuevo Legislativo entrara en funciones, la Asamblea saliente nombró un Tribunal Supremo de Justicia incondicional al Ejecutivo.

También en diciembre de 2015 debían realizarse elecciones de gobernadores, pero no se realizaron, y en febrero de 2016 el Consejo Nacional Electoral anunció que quedaban suspendidas: las encuestas anunciaban que en su mayoría el PSUV las iba a perder. Y en octubre de 2016 se inició la recolección de firmas para un referendo revocatorio del Ejecutivo, pero también se la hizo suspender: todas las encuestas anunciaban que el mínimo de firmas requerido para realizar el revocatorio -25%- sería ampliamente superado.

Y el 30 de marzo de 2017 el Tribunal Supremo de Justicia llegó al colmo al decidir asumir las atribuciones de la Asamblea Legislativa. Empezaron las legítimas protestas populares y la Fiscal general, Luisa Ortega, manifestó su discrepancia con la decisión del Tribunal. Se optó entonces por que este último retrocediera pero las protestas continuaron ¡y continúan! con un creciente saldo de muertos, heridos y prisioneros.

¿Qué piden? -Después de haber sufrido la postergación de elecciones subnacionales, la suspensión de la recolección de firmas para un revocatorio y el intento del Ejecutivo de desconocer a la Asamblea electa, lo único que piden es elecciones generales. Y la respuesta del Partido Socialista Unido de Venezuela llega al extremo: convoca a una Asamblea Constituyente que, por la forma cómo sería electa, se aleja ya completamente de la democracia para parecerse a los regímenes fascistas.

En efecto, 2/3 de los constituyentes serían electos por votación "territorial”: uno por cada municipio y 23 más para los más poblados, y el otro tercio por votación "sectorial”, es decir por organizaciones funcionales, estando aún pendiente el número de constituyentes con que contaría cada una de estas organizaciones. Entonces cada ciudadano votaría dos veces: una en su municipio y otra en su organización, pero sin conocer el peso que efectivamente tendrá cada uno de sus votos, peso que obviamente será definido por quienes están convocando a una Constituyente que estará "por encima de la ley”, a fin de superar una segura derrota en elecciones en que se respetara el principio democrático fundamental de que cada voto tenga igual poder.

La política antidemocrática del Partido Socialista Unido de Venezuela ha ido in crescendo, hasta llegar al extremo de pretender cambiar el Estado venezolano de democrático a corporativista: lo que está proponiendo se parece mucho lo que a lo que hicieron Mussolini en Italia (1939) y Franco en España (1943).

Bolivia debe dejar de apoyar a Maduro y pronunciarse en cambio por que se recurra al soberano: al pueblo venezolano a través de elecciones democráticas, no corporativas.

Iván Finot es MSc en economía, experto internacional.

 


AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

245
52

Otras Noticias