El arte de cobrar impuestos

sábado, 6 de mayo de 2017 · 00:00
Morir joven, talentoso, rebelde y visionario. Parecen requisitos para ser admitido en el Club de los 27, expresión de la cultura pop para referirse a músicos que fallecieron a la edad de 27 años.
 
Cada ciencia es un arte per se y seguro que en cada ramo de la ciencia existió un artista que agigantaría la leyenda urbana de que los célebres mueren jóvenes.

En las ciencias económicas, el eterno artista fue Frank Ramsey, matemático inglés nacido en 1903 y que murió poco antes de cumplir 27 años. Sus contribuciones a la economía fueron fundamentales y debe ser de los economistas más influyentes del siglo XX. En su corta existencia no sólo desarrolló el modelo de los consumidores dinámicamente optimizadores, sino además lo que hoy se llama Ramsey taxation, por sus resultados sobre cómo fijar los impuestos para maximizar la eficiencia.

En 1927 Ramsey propuso que la imposición óptima es aquella en la que los impuestos se aplican en proporción inversa a la elasticidad de la demanda del consumidor representativo ¿cómo? Por ejemplo, los bienes necesarios, como los alimentos, la ropa o los servicios básicos tienden a ser más elásticos (una variación en el precio ocasiona una variación mayor en la cantidad demandada); por tanto, tendrían que estar sujetos a impuestos menores.

Por otro lado, los bienes de lujo, como los autos, las vacaciones en el extranjero, los espectáculos, las actividades artísticas son menos elásticas; por tanto, tendrían que estar sujetas a impuestos más elevados. Momento, ¿cómo? ¿El arte es un bien de lujo? Y ahí está, estimado lector la pregunta del millón.

La Ley  2206 y el DS 1241 eximen del pago del IVA, IT e IUE a las actividades de producción, presentación y difusión de eventos producidos por artistas bolivianos, siempre y cuando sean realizados en espacios autorizados o auspiciados por el Gobierno central o el municipal, dentro del ámbito de su competencia. 

Implícitamente ambas leyes reconocen que el arte es un bien necesario, al punto de estar libre de impuestos; sin embargo, ahora que estamos en periodo de vacas flacas y se busca raspar la olla, se quiere cobrar estos impuestos cuando un artista presta su servicio por contrato. De momento los músicos son los que más hacen escuchar su protesta pero ¿qué pasa con los artistas plásticos? Las pinturas, las esculturas en su mayoría son elaboradas a pedido.

Si ponemos atención la Ley 2206 y el DS 1241 son pasivas con el arte, pues simplemente eximen de impuestos, no es exactamente un incentivo, y por otro lado el querer cobrar impuestos por contrato desincentiva a la producción de arte y no queda claro el tratamiento a otras expresiones artísticas que no sean las musicales. Una solución creativa, al menos para los pintores, escultores y muralistas fue propuesto por el famoso muralista mexicano David Siqueiros, en 1957.

Para hacer corta la historia, Siqueiros propuso pagar en "especie” la deuda de un colega con el fisco mexicano. Hoy en día el Gobierno mexicano acepta como pago de tributos una obra si un artista produce cinco unidades, dos piezas si el artista produce entre seis y ocho y así sucesivamente; las obras de arte se distribuyen entre todos los edificios gubernamentales y las mejores las presentan en exhibiciones internacionales, convirtiéndose en un incentivo a la producción artística.

Queda claro que en el Gobierno central hay muchos profesionales pero muy pocos artistas y mientras tanto nuestros virtuosos del arte seguirán muriendo talentosos, visionarios y olvidados.           

Sergio Pablo Garnica  Pantoja es economista 

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