Impuestos, opinadores y honestidad intelectual

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lunes, 26 de junio de 2017 · 00:00
Desde hace varios años opino públicamente sobre el tema tributario en relación al desarrollo del aparato productivo, y he compartido los fundamentos de estas opiniones con muchas autoridades de anteriores y del actual gobierno. Por ello, me llamó la atención la nota  "La política fiscal como un todo” (Página Siete,  20/06/2017) en la que   Fernando Siñani afirma que, respecto al ámbito tributario, "ciertos opinadores se empecinan en mostrar análisis parciales y sesgados…” y señala varios errores y sesgos que, en su opinión, descalifican esas opiniones.
 
Aunque es difícil no percibir el tufillo despectivo que el autor asigna a "opinador”, quiero creer que no busca descalificar irracional y acríticamente a las personas y sus opiniones, y, menos, que es una forma de soslayar el debate democrático sobre temas relevantes. Con espíritu positivo, aceptemos que un opinador tiene, primero, una opinión propia y, segundo, la honestidad intelectual para expresarla incluso ante quienes no la comparten; estos son rasgos que toda sociedad democrática y progresista debe, no solo aceptar, sino alentar decididamente.
 
Entrando en materia, en los Estados modernos, la política tributaria-fiscal tiene dos grandes roles: a) expresar las prioridades estratégicas (p.e., extractivismo o diversificación productiva) y orientar las políticas de desarrollo incentivando a que la ciudadanía y las empresas contribuyan a lograr las metas de desarrollo (empleo, inclusión, equidad, medio ambiente...); y, b)  financiar los bienes públicos necesarios a su estrategia (educación, salud, seguridad...),  corrigiendo las desigualdades en la distribución  del ingreso.
 
Aunque estemos de acuerdo en estos dos grandes roles, no debe extrañar que discrepemos en el diagnóstico sobre el rol y los beneficios de la política tributaria vigente si no tenemos los mismos criterios; en lo personal, es así porque mi concepción, mis expectativas y mis prioridades de desarrollo para Bolivia, son diferentes a las del Lic. Siñani.  
 
De la publicación entiendo que para él, el proceso de "desarrollo” se inicia con la estabilidad macro que se traduce en crecimiento del PIB que, a su vez, permite acumular los excedentes para reducir la pobreza y la desigualdad a través de bonos y transferencias. La mayor presión tributaria muestra la capacidad del régimen para generar los ingresos fiscales que permiten la inversión pública que sostiene el crecimiento (y los bonos).
 
Para quienes adoptamos una  "economía para la gente” como paradigma de desarrollo, bajo criterios efectivamente postneoliberales y no capitalistas, la secuencia del Lic. Siñani refleja, en esencia, la teoría neoliberal del goteo "desde el Estado” que, entre otras cosas, requiere la persistencia del extractivismo como la fuente principal de excedentes. Pero las profundas discrepancias ideológico-conceptuales entre una economía para la gente y la teoría del goteo, no son la razón central para el desacuerdo; lo es la abrumadora evidencia del fracaso mundial de los enfoques de goteo (desde los capitalistas o desde el Estado) a lo largo de los últimos 40 años. 
 
En este paradigma alternativo, el énfasis de la política tributaria está en la correcta señalización de las prioridades del desarrollo y en la adopción de los mecanismos concretos para lograrlo con el aporte pleno y comprometido de la ciudadanía: privilegiar la salida del extractivismo alentando la diversificación productiva con metas de pleno empleo; promover la justa distribución del ingreso para garantizar -mediante la digna remuneración al trabajo-, que los hogares constituyan una demanda que aliente el crecimiento del aparato productivo y la reducción de la desigualdad; y, para hacer la historia corta, supeditar las metas de recaudación a los objetivos de desarrollo y a estrictos criterios de eficiencia, transparencia y pertinencia en el gasto público.
 
Con concepciones tan diferentes del desarrollo y de las metas del actual proceso de cambio, no es empecinamiento ni superficialidad de análisis lo que lleva a cuestionar, por ejemplo: que más del 52% del crecimiento del PIB en 2015 corresponde a la incidencia de impuestos, administración pública y sector financiero, sectores que no generan valor;  que se promocionen actividades extractivo-rentistas en hidrocarburos, minería y sector financiero porque permiten "capturar excedentes extraordinarios”; el fuerte desincentivo que significan los impuestos a las actividades creadoras de valor agregado y empleo; o el desigual y arbitrario tratamiento impositivo a los profesionales independientes, para citar algunos ejemplos.
 
Con datos del INE, el efecto global de estas políticas en la economía formal habría sido una severa distorsión de la distribución primaria del ingreso: al año 2000, la tajada de los asalariados era el 36,1% del PIB, mientras la del excedente de las empresas el 50% y la de los impuestos 13,9%; pero al 2013, la participación de los trabajadores cae al 24,1%, el excedente empresarial se mantiene en 49,5% pero los impuestos acaparan el 25,4% del PIB. Es decir, el aumento de las recaudaciones coincide casi exactamente con la reducción del ingreso de los asalariados. 
 
Finalmente, la simplificación de trámites y el uso de tecnologías de comunicación benefician mucho más al SIN que a los contribuyentes. Los medios electrónicos facilitan el pago de adeudos, pero no fortalecen los derechos del contribuyente; y las notificaciones electrónicas están llenando las memorias de los celulares, pero el contribuyente no puede usar los mismos canales para pedir aclaraciones o evitarse el peregrinaje a las oficinas del SIN.
 
Efectivamente debemos considerar la política fiscal como un todo. Pero para evitar discrepancias severas, partamos por precisar los objetivos, hoy ausentes– que deberían guiarla. Y, para hacerlo con éxito, debemos tener la capacidad de involucrar todas las ideas, incluyendo las de los opinadores …aunque algunos puedan parecer empecinados.

Enrique Velazco Reckling tiene un doctorado en físico-química y un posdoctorado en física electrónica.

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