Conciencia comprometida

Por qué los derechos humanos

miércoles, 7 de junio de 2017 · 00:00
Es indudable que los derechos humanos, en su concepción integral, muestran en nuestro país un considerable deterioro.  El debilitamiento de la escasa institucionalidad que los sostenía, la progresiva supresión de sus principios como orientación de la nueva normativa pero, sobre todo, la naturalización de sus constantes violaciones, están generando un vaciamiento sistemático de sus conceptos y principios, no sólo en el ámbito jurídico, sino en las propias instituciones, y la sociedad.

 Pese a que Bolivia ha ratificado la mayoría de los instrumentos internacionales y que nuestra Constitución establece la supremacía de los derechos humanos sobre toda norma nacional, es evidente que no existe un verdadero y honesto compromiso para mantener su defensa, promoción  y vigencia, de manera transversal y permanente.

 Los derechos son invocados a conveniencia y los instrumentos jurídicos que los garantizan son interpretados según los intereses de coyuntura.  Pero, además, es el propio Estado que propicia el incumplimiento de los acuerdos internacionales, por ejemplo, a través de normas que disminuyen la edad para el reclutamiento militar, para procesar penalmente a adolescentes en conflicto con la ley o para que los niños puedan ser explotados laboralmente.  Los derechos humanos ahora son incluidos en la Ley 708 de Conciliación y Arbitraje, como si fueran asuntos susceptibles de negociación; mientras que  en la sociedad los casos de violencia y brutalidad impune contra la niñez y las mujeres  crecen exponencialmente.

 Las avanzadas leyes sociales, de las que nos ufanamos, resultaron inaplicables por falta de capacidad o de voluntad política.  A estas alturas, es más que evidente una regresión sistemática de la legislación sobre derechos humanos, hacia normas enfocadas en la sanción y la punición, mientras que se multiplican decretos y reglamentos que entregan las áreas protegidas a la voracidad de las transnacionales petroleras. 

 La protección de la Madre Tierra y los derechos de los pueblos indígenas siguen siendo un simple discurso que encubre políticas extractivistas, depredadoras y colonialistas.

  El modelo patriarcal, adultocentrista y discriminador se está robusteciendo, alimentado por la indiferencia y la pérdida de la capacidad de indignación en la ciudadanía; pero sobre todo, por la complicidad y la falta de compromiso de las instancias del Estado llamadas a revertirlas.

 Estoy persuadido que una sociedad y un Estado que no respetan ni defienden los derechos humanos tarde o temprano son devorados por la violencia, el despotismo y la miseria.  Pero también creo que el mejor camino para perder los derechos es creer que  éstos son sólo cuestiones del Estado, de los abogados y los organismos internacionales, y que "mientras yo no sea la víctima no es asunto mío”.

 Para tratar todos estos temas, y gracias a la gentileza de este medio, desde esta columna pondremos a su consideración nuestra palabra con el fin de aportar a la reflexión, análisis e información que nos permitan promover la exigibilidad y el cumplimiento de los derechos, que no son asuntos teóricos o jurídicos sino, ante todo, una forma de vida.


Rolando Villena Villegas,  ex Defensor del Pueblo e impulsor  de la Iniciativa de Acción por los  Derechos Humanos.

Página Siete da la bienvenida al exdefensor del Pueblo, Rolando Villena, quien mensualmente publicará en este espacio su columna.

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