Las distorsiones de Jaime Paz

jueves, 8 de junio de 2017 · 00:00
No es posible dejar pasar una serie de afirmaciones falsas del ex presidente Jaime Paz Zamora en un artículo realmente insólito y desinformado (4/6/17), en el que compara la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia (2017) y el pacto de gobernabilidad del año 1989, cuando su partido, el extinto Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) se alió sorpresivamente con el ex dictador Hugo Banzer, que entonces lideraba otro partido desaparecido, Acción Democrática Nacionalista (ADN), el ala derecha más conservadora y profundamente ineficaz al carecer de un perfil ideológico definido, en comparación con otras fuerzas de derecha en las Américas. Ambas agrupaciones representaban una opción política por demás oportunista que desprestigió la columna vertebral de un sistema político, en aquella época sustentada en los pactos de gobernabilidad.

El Acuerdo Patriótico (AP) formó parte de las coaliciones de gobernabilidad que estuvieron en el centro de la definición del poder pero con una aclaración: el MIR era un partido con una bajísima legitimidad, tanto política como electoral, pues obtuvo solamente el 21,8%, algo más de 300 mil votos. Ocupó, por lo tanto, el tercer lugar en las opciones electorales de 1989; mientras que Emmanuel Macron concentró una enorme popularidad que se manifestaba, tanto en las urnas como en un prestigio bien ganado ante la opinión pública y los medios de comunicación. Lo más trascendental: en Francia se llevó a cabo la segunda vuelta electoral entre los dos contendientes más votados, precisamente para lograr que sea la soberanía del voto popular que, finalmente, reconozca la victoria del presidente.

En Bolivia (1985-2005) nunca hubo una segunda vuelta porque la Constitución reconocía que el Parlamento podía elegir al Presidente entre los tres candidatos más votados. Esta salida institucional viabilizaba la gobernabilidad para tener un nuevo Jefe de Estado pero sin la debida legitimidad ciudadana. Los pactos de gobernabilidad fueron aplaudidos como una solución estratégica y alternativa a las urnas cuando ningún candidato lograba el 51% de la votación. Esto se veía muy bien en la teoría pero en la práctica, las coaliciones de gobierno se transformaron inmediatamente en máquinas burocráticas para generar nuevas oligarquías, las cuales se ocupaban de alimentar el patrimonialismo estatal.

Sin embargo, ya que Jaime Paz insistió en comparar a Bolivia con Francia, un proceso electoral de ballotage hubiera impedido que éste llegue a la presidencia en 1989 y, probablemente, Gonzalo Sánchez de Lozada hubiera ganado nuevamente las elecciones. No se sabe a ciencia cierta, pero justamente la segunda vuelta electoral define políticamente y de manera soberana la titularidad del poder. Un pacto de gobernabilidad para acumular fuerza en caso de no tener el respaldo popular  deja mucho espacio para que las élites políticas hagan maniobras llenas de absoluta arbitrariedad.

En 1989 se anularon ilegalmente muchas mesas y se usurpó la representación parlamentaria de diputados como Roger Cortez y Víctor Hugo Cárdenas. Paz Zamora nunca representó a la autoridad presidencial legítima y democrática, sino solamente a un conjunto de cálculos personalistas y a la viveza criolla entre estrategas hábiles para ambicionar el poder, pero nunca para tener una visión clara de transformación estatal.

Esta diferencia es crucial: ser presidente en un proceso democrático abierto, constitucional y competitivo marca una enorme distancia entre Macron y Paz Zamora. Además, Macron nunca se identificó   con la izquierda socialista tradicional  ni con el republicanismo o la derecha. Si bien su gobierno de coalición toma en cuenta a destacados líderes políticos y figuras de la sociedad civil, éstos tienen también un reconocimiento pleno dentro del Parlamento francés, que puede otorgar un voto de censura y terminar con el gobierno de Macron. Hay contrapesos democráticos.

Nada es dejado al azar o al abuso. Paz Zamora llegó al poder gracias al abuso de confianza que le permitió la Constitución. Su gobierno fue un ejemplo de democracia delegativa: ser tercero y ejercer la presidencia para hacer lo que uno quiera con gente poco eficiente y muy corrupta, hasta caer en el escándalo de los narco-vínculos. "Fueron errores no delitos”, dijo. Errores de interpretación que molestarían a Macron, quien no tiene nada que ver con Paz Zamora.

Fiona Crean es doctora en ciencia política, especialista en historia política comparada de América Latina.

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