Diplomacia, humanismo y diálogo

lunes, 24 de julio de 2017 · 00:00
El gran maestro de la humanidad Mahatma Gandhi, refiriéndose a la venganza señalaba: "Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”. Afirmación sencilla pero profunda que nos permite iniciar unas cuantas reflexiones en torno al acto de grandeza del  presidente Evo Morales, quien el pasado 8 de julio decidió restituir al  pueblo chileno  a dos carabineros que fueron detenidos en flagrancia tras infringir varias normas y  violar la soberanía territorial de Bolivia. Situación que nuestro Gobierno calificó coherente y certeramente como un lamentable "incidente fronterizo”.
 
Decisión que no resulta novedosa para nuestra cultura de Paz, ya que en dos oportunidades, en el año 2016, Bolivia también decidió devolver a dos carabineros y a un periodista que ingresaron ilegalmente al país. No obstante, la reciente devolución efectuada es especialmente importante porque contrasta radicalmente con la determinación asumida pocos días antes por el Gobierno de Chile. Es decir, la promovida por sus sectores más recalcitrantes y xenófobos que intentaron -fallidamente- darse un banquete truculento de venganza e intolerancia al promover la detención,  procesamiento, condena y expulsión de nueve servidores del Estado boliviano. 
 
Servidores que fueron detenidos con extrema e innecesaria violencia, flagelados por contrabandistas, sentenciados por televisión nacional como "ladrones” por la señora Presidenta de Chile, exhibidos enmanillados de pies y manos, procesados injusta e ilegalmente por un sistema policial, fiscal y judicial que finalmente materializó una orden presidencial. Transformando de esta manera un operativo legítimo de lucha contra el delito transnacional del contrabando en una sentencia por delitos imposibles. 
 
 Hechos vengativos, que sin duda laceraron seriamente la buena voluntad y respeto del pueblo boliviano para con las autoridades de Chile, que indignaron a dos Premios Nobeles de la Paz -Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel-, quienes haciendo suya esta causa realizaron una campaña mundial para reclamar su liberación y que, en suma, sorprendieron a cientos de personalidades internacionales, movimientos, organizaciones sociales y a toda la comunidad internacional, quienes atónitos esperaban un desenlace a la altura de las cartas democráticas y humanistas del pueblo chileno. 
 
Desenlace que nunca llegó y que puso a prueba de fuego y de manera pública la autoproclamada "vocación de paz” que Chile aclamó al mundo entero en un  texto de lujo que la Moneda presentó en julio de 2016. Lanzamiento donde curiosamente la Presidenta Bachelet lo consideraba como: "La constatación, con hechos objetivos y concretos, de que la vocación de paz chilena es una realidad incuestionable”. Afirmación que hoy se encuentra hecha añicos por la insalvable distancia entre lo dicho y lo obrado. 
 
Por el contrario, la perseverancia del Gobierno de Bolivia, en una línea unívoca y coherente de acción basada en nuestra cultura de paz y la diplomacia de los pueblos, ha logrado tres resultados inmediatos: dar a la comunidad internacional, especialmente a nuestros vecinos,  un ejemplo magistral de diplomacia; emitir un voto de fe en el humanismo más sincero y, finalmente, generar una señal de paz para reactivar la negociación bilateral como la vía regia para reconstruir el futuro entre ambos pueblos. 
 
Sobre lo primero, debe recordarse que la medida asumida por nuestro Presidente fue aplaudida y reconocida local, y globalmente como una "lección magistral de diplomacia”, lo que puesto en perspectiva consolidó la imagen y credibilidad  boliviana como un "buen vecino” ante el mundo, incrementó la simpatía del pueblo chileno para con nuestra causa marítima y fue la piedra de toque definitiva para la consistencia entre nuestro discurso filosófico-moral ancestral y las acciones reales del pueblo boliviano.   
 
Asimismo, demostró que pese a cualquier controversia y agravios sufridos, "la retaliación y la revancha no son los signos distintivos del pueblo boliviano”. Por ende, jamás podríamos haber permitido que sectores intolerantes descarguen  sus sentimientos negativos sobre la vida, integridad y reputación de dos servidores del Estado, infiriendo daño colateral a sus madres, parejas y familias. Bajo el más claro humanismo, el presidente Morales afirmó "el odio y la venganza se vencen con clemencia y tolerancia”, prometiendo a las familias devolverlos a Chile "preservando a cada instante su seguridad e integridad”.  
 
Finalmente, con este acto de desprendimiento y perdón, Bolivia volvió a extender su mano a su vecino para invitarlo con honestidad y buena fe  a retomar el camino del diálogo, y la negociación para resolver temas pendientes, invitación que fue aceptada por Chile y que esperamos que en esta próxima reunión pronto logre su objetivo.
 
Héctor Arce Zaconeta es ministro de Justicia.

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