Librepensamiento

Escotes prohibidos en el “Gran Poder”

lunes, 3 de julio de 2017 · 00:00
En la reciente entrada folklórica del Gran Poder en la ciudad de La Paz, postulada como Patrimonio de la Humanidad ante la Unesco, los organizadores -la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder (ACFGP)- sorprendieron al público resaltando prohibiciones en el reglamento respecto a la vestimenta de las mujeres de pollera. La Señorita  culturas de Gran Poder 2017, Vanesa Cari, resumió el tema de esta manera: "Les recomiendo a las cholitas que no tergiversemos la ropa de la mujer de pollera; nada de corsets, tampoco telas transparentes, no se pueden usar blusas transparentes ni  muy escotadas…”.

Periódicamente declaraciones de estos organizadores despiertan polémica. Años anteriores fueron las referidas a que  las danzas deberían ser "típicas” y "auténticas”. Por supuesto que es más fácil controlar -aunque sea con ayuda de una regla milimetrada- el escote de las mujeres que la genuinidad de muchas danzas. Por ejemplo, la Morenada actual se ejecuta con música de banda y abundancia de bronces, mientras que la original se la ejecutaba al son de sikus; y la danza de los caporales no aprobaría ningún requisito de ancestralidad, pues su coreografía y vestimenta dataría apenas de entre 1969 o 1971, según los estudiosos abocados a ese tema.

¿A qué se debe el celo de estos organizadores en asuntos tan controvertibles como triviales?
 
Posiblemente a que la festividad del Gran Poder es uno de los exponentes más coloridos de la disfuncionalidad cultural imperante aun en Bolivia. En el aspecto festivo se ha mantenido una supervivencia cultural de raigambre indígena diferente al modelo cultural hegemónico en Bolivia. La identidad indígena es claramente perceptible en esas manifestaciones, no así su autonomía en organizarla y dirigirla. De ahí las contradicciones y discordancias que manifiesta.

Lo nativo se expresa en la pervivencia de una cultura que se revela ágil, adaptativa, innovadora y coherente con las transformaciones de épocas y situaciones sociales. Lo criollo se manifiesta en el marco de poder que, según las épocas y modas, reprime o todas esas manifestaciones.  Se da así una relación subordinada en la que lo indígena debe someterse al poder simbólico criollo, tratando de entender y satisfacer los criterios de los dominantes. Ese rol se lo hace a través de intermediarios - los dirigentes, los organizadores del evento- quienes expresan esa sumisión generalmente de manera chabacana, exacerbada y frecuentemente distorsionada.

Así, se quiere satisfacer la actual demanda de la sociedad criolla de que el indio sea "auténtico” y alejado de los desmanes dionisiacos a los que su "cosmovisión” no les predispondría en absoluto (y si incurren en ello que sea "a la manera ancestral”). Dado que la realidad de la fiesta andina misma -por ejemplo beber en abundancia cerveza, ron y whisky y ya no chicha ni ninguna otra bebida espirituosa ancestral- es ajena de los estereotipos prestados al indio, la exigencia criolla trata de ser complacida por los organizadores con exterioridades declarativas que nada tienen que ver con la realidad de la fiesta.

 Esto genera malentendidos, engaños mutuos entre estos dos segmentos de población que, por recurrentes llegan a ser banales, sin que se perciba la tremenda realidad colonial que esconde. 

 Otro suceso, relacionado con esta festividad, nos ilustra mejor este malentendido. La prensa y la red abordaron durante el período de esa festividad con la noticia que el exsenador del Movimiento al Socialismo Fidel Surco invertiría en esa fiesta unos 60.000 dólares, como pasante de la fraternidad de morenos "plana mayor”.

 Para unos era la distorsión de la reciprocidad y del equilibrio cósmico de la economía andina a través de la perversidad de un nuevo rico masista que se permite "quemar” tanto dinero -seguramente mal habido- en una fiesta. En realidad, actualmente esa economía andina ya no existe. El preste o pasante ya no "se desangra” para generar el bienestar así sea momentáneo de los invitados. Un pasante, a través de cuotas, venta de trajes, comercio de bebida sobrante y muchos artilugios más, recupera mucho más de lo gastado. Es, ahora, una verdadera inversión capitalista que el apego romántico a supuestas formas ancestrales no nos permite constatar ni, el caso dado, enfrentarla.

Pedro Portugal Mollinedo es director de Pukara, autor de
 ensayos y estudios sobre los
 pueblos indígenas de Bolivia. 

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