Corea del Norte: Opción militar o mesa de negociaciones

jueves, 7 de septiembre de 2017 · 00:00
Durante estos pasados días cada uno ha hecho lo que se preveía, siguiendo el complejo guión que determina un constante aumento de la tensión en la península coreana, sin que nadie sepa realmente en qué puede acabar este juego de acción-reacción militarista. Estados Unidos y Corea del Sur han desarrollado los ejercicios militares Ulchi Freedom Guardian, entre el 21 y el 31 de agosto. Por su parte Corea del Norte ha seguido lanzando misiles, mientras escondía celosamente los preparativos de su sexta prueba nuclear, en una demostración más de que su apuesta misilística y nuclear sigue adelante. 

Mientras tanto, los demás -desde Japón a China, pasando por el Consejo de Seguridad de la ONU- han reiterado su condena y la necesidad de aplicar nuevas sanciones si Pyongyang no ceja en su desafío.

Pero detrás de esa fachada de aparente firmeza, los actores principales de este drama se han cuidado de no dar pasos que puedan provocar respuestas demasiado dolorosas. Estados Unidos ha empleado sólo en torno a 17.500 efectivos (25.000 en 2016), optando por no excitar aún más a Kim Jong-un. Pyongyang por el momento deja en suspenso su anunciado lanzamiento de un misil intercontinental hasta las inmediaciones de Guam y en su lugar decidió lanzar un misil de alcance intermedio que, sobrevolando espacio aéreo japonés a la altura de la isla de Hokaido, que cayó en el océano Pacífico y aunque el sobrevuelo de territorio japonés pueda parecer alarmante, ya en 2012 ocurrió algo similar sobre Okinawa y no hubo respuesta efectiva alguna de Japón, más allá de las consabidas protestas del primer ministro Shinzo Abe.

La prueba efectuada el 3 de septiembre, demuestra que Kim Jong-Un está decidido -a pesar del despliegue surcoreano del sistema THAAD, las siete rondas de sanciones de la ONU, la presión china y las balandronadas de Trump- a no parar hasta que logre contar con una capacidad nuclear y misilística suficientemente disuasoria para garantizar la supervivencia del régimen. En todo caso, todavía no ha llegado al final del camino y de ahí que decidiera no lanzar aún un misil hacia Guam, porque antes necesita probar sus últimos desarrollos para lograr un sistema operativo que incluya un misil intercontinental y una cabeza termonuclear como la que acaba de explosionar. Calcula que si lo hubiera hecho ahora mismo se arriesgaba a una inmediata represalia estadounidense que podría afectar seriamente a su calendario. 

Seúl, por su parte, emitió en sus noticiarios las imágenes del lanzamiento de dos misiles el pasado 24 de agosto, dando a entender que tiene medios para atacar y que está decidido a emplearlos, al tiempo que pide simultáneamente auxilio y cautela a Washington y ofrece negociaciones a Pyongyang. Tokio, al igual que Seúl, parece temer aún más a Trump que a Kim Jong-Un, conscientes de que un paso en falso de su principal aliado supondría un coste insoportable para ambos. Washington sabe que la opción militar no ofrece plenas garantías de éxito, parece resignarse a esperar que Pekín -el único capacitado para emplear la presión económica y diplomática- termine por convencerse de que no le conviene seguir consintiendo a un vecino y aliado tan imprevisible. Ergo, una vez constatado que las sanciones no son efectivas  y que la opción militar no ofrece solución alguna, la vuelta a la mesa de negociaciones parece la vía realista aunque la experiencia con Pyongyang no invita al optimismo.

Marco Antonio Barroso Mendizábal es abogado, diplomático y catedrático.

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