Catalejo

Procesar recursos naturales no renovables no es el camino

miércoles, 24 de enero de 2018 · 00:05

En su mensaje del 22 de enero el Presidente reiteró la estrategia de industrialización del Movimiento Al Socialismo (MAS) y el Vicepresidente se refirió a dicha estrategia en particular.


Se insiste en que el camino es seguir exportando materias primas provenientes del subsuelo, sólo que con algo más de valor agregado, y en que para ello se aumentará la inversión pública hasta 13.000 millones de dólares anuales.


Pero ésta es una estrategia que ya ha fracasado. Se la probó en los años 60 y 70, endeudándonos hasta el límite para ello, y no funcionó. Pero sí hubo que pagar, en los 80 y con un altísimo costo social, la enorme deuda contraída con aquel objetivo.


El camino de la industrialización no es seguir exportando materias primas, así sea algo más elaboradas, usando tecnologías importadas que no conocemos. ¿Cuántos empleos industriales se crean con esta industrialización? -Eso sólo beneficia a las empresas que compran esas materias primas y aplican tecnología que ellas desarrollan para aumentar no al doble sino miles de veces el valor de dichas materias primas. Por ejemplo ¿cuánto más vale un kilo de transistores que un kilo de los metales con que son elaborados?


Tampoco es lo adecuado que sea el Estado el que se haga cargo de plantas productivas: el objetivo primordial de quienes deciden los montos de las respectivas inversiones y de los que manejan las empresas públicas no es maximizar utilidades, como lo es el de inversionistas privados que ponen en riesgo sus ahorros. El objetivo supremo de los políticos es mantenerse en el poder y para ello los costos no importan, sobre todo si son cubiertos con endeudamiento que no pagarán ellos.


La industrialización que requerimos es una donde lo esencial sea el desarrollo de tecnología original: alguna puede ser para procesar minerales e hidrocarburos pero la primordial debe ser para proveer al mercado mundial de múltiples insumos industriales y productos terminados, importando las materias primas que fueran necesarias. Y que estas actividades brinden empleo de calidad no solamente a unos cuantos militantes del partido en el Gobierno sino a cantidades crecientes de bolivianos y bolivianas. Estas industrias y los servicios que ellas requieran deben llegar a ser la principal actividad económica del país, actividades que, al generar mucho más valor agregado, aumentarían crecientemente los ingresos.


¿Cómo lograrlo? El progreso económico siempre ha comenzado por copiar tecnología. Así se hizo, por ejemplo, en Francia y Alemania cuando en Inglaterra inventaron la máquina a vapor. Así se industrializó Japón en el siglo XIX ante el riesgo de convertirse en colonia inglesa como los chinos. Así lo hicieron también Corea del Sur y los otros “tigres” en el siglo XX: comprando patentes pues desde el final de la Primera Guerra Mundial copiar tecnología ya no es gratis. Y así lo ha logrado también recientemente la China: copiando.


La clave del progreso no es hacer sino saber cómo se hace. La “riqueza de las naciones” no es el trabajo -como en el siglo XVIII creía Adam Smith- sino el conocimiento. Econométricamente se ha demostrado que la productividad adicional generada por éste es, con mucho, superior a la del trabajo, el capital o los recursos naturales.


Y lograr conocimiento tecnológico es fácil: podemos empezar, según ya se señaló (Hacia un programa económico alternativo, Página Siete 2017/12/13) porque, con apoyo decidido del Estado, empresas privadas nacionales fabriquen insumos que resulte más barato producir aquí gracias a nuestro menor costo de vida y -lo más importante- que en dichas empresas se aprenda cómo se hacen esos insumos para luego introducir innovaciones en su fabricación y patentarlas.


Siempre con el apoyo decidido del Estado luego se pasaría a desarrollar así tecnología para elaborar productos cada vez más complejos, creando cada vez más empleo de calidad y mejor pagado. Para ello no sería necesario endeudarnos: canalizar el ahorro interno a invertir con ese objetivo sería suficiente. Pero lo decisivo para salir definitivamente del subdesarrollo sería dedicar la renta de los recursos naturales no renovables a una formación de recursos humanos de altísima calidad.

Iván Finot es MSc. en economía y especialista en desarrollo.

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